¿Qué término hemos escuchado
durante los últimos años hasta la saciedad junto a conceptos como crisis, prima
de riesgo, vivir por encima de nuestras posibilidades o “con la que está
cayendo”? Exacto, emprendimiento. Aunque ya lo sabéis, tener espíritu emprendedor no
sólo significa montar una empresa, sino tener la capacidad para buscar un objetivo,
a partir de una o varias ideas que aún no existen, o que existen pero que aún no
se han materializado en ningún proyecto (Blanco, et al., 2012). Con este
motivo, el propósito de este “special edition” es el de ofreceros una
idea que, desconozco si se ha materializado ya de algún modo, pero que vendría
muy bien para la gestión de cualquier tipo de crisis: un taller teórico/práctico
que nos enseñe a gestionar los recuerdos buenos, malos o regulares. Pensad en
sus múltiples posibilidades desde el punto de vista terapéutico y también
comercial. Yo no tengo ni idea de cómo hacerlo pero si la idea sirve de
estímulo para que un avezado lector o lectora sepa materializarlo me ofrezco
como potencial cliente. Estoy dispuesto a ser hipnotizado e incluso apoyar un
micro mecenazgo para crear un deposito temporal de ciertos recuerdos que el
usuario pueda recuperar a su elección. Si posees la visión, la determinación y
creatividad para realizarlo no dudes en contactar conmigo.
20 de enero de 2014
19 de enero de 2014
Sugar
El ruido de la cortadora de césped
de nuestra vecina Roe rompía la quietud de aquella tarde de verano. Yo fregaba
los platos mientras te veía agachado en un rincón del jardín probablemente
observando algún insecto. Roe no podía verte.
-¡Sugar, ven!-
dijiste
Suponía que querrías que le
hiciera una foto a aquello que observabas y la subiera a tu perfil de
instagram. Últimamente no encontrabas tu móvil. Me sequé las manos y salí al
jardín. Saludé a Roe y me dirigí a tu rincón. Mirabas un saltamontes.
- Con cuidado Sugar
o se asustará- murmuraste.
Le hice la foto, elegiste el filtro y la compartimos en tu
perfil.
- Cariño, tenemos que hablar- te dije.
- ¿De qué?
- Ya ha pasado un año
- ¿Un año?
- Un año desde que encontraron tu cuerpo sin vida en aquella
carretera. Es hora de partir.
- ¿Te reunirás conmigo?
- Claro, algún día.
17 de enero de 2014
Atando cabos sí, pero con errores
Hablábamos en atando cabos (http://goo.gl/51imMu) de que cuando tenemos que
dar explicaciones sobre algún hecho que nos ocurre o lo vemos en los demás, utilizamos lo que en psicología social se denominan atribuciones. Éstas
son explicaciones cotidianas y de sentido común que elaboramos las personas
para explicar los sucesos sociales. Decíamos que la mayoría de las veces las
realizamos con tanta rapidez que erramos en nuestras explicaciones. Pero ahí no
queda la cosa. Otras tantas veces estos errores muestran tendencias claras
hacia ciertos sesgos sistemáticos, que son subjetivos, estables y difíciles de
eliminar. Estos sesgos se mantienen porque nos ayudan a proteger nuestra
actuación en relación a los demás (“todos lo hacen”), defienden nuestra
autoestima (“si todos lo hacen, no será tan malo”) y nos ayudan a comprender
los hechos sociales por la simplificación que hemos realizado de los
mismos. Estos procesos se realizan en todas las edades, poniendo de
manifiesto la importancia de las atribuciones, y en ellas cobra más importancia
lo que percibimos en base a nuestras creencias y experiencias que lo que es
real. Es decir, observamos la realidad a través de nuestras propias lentes y,
en ocasiones, estás lentes están tan sucias que no nos dejan ver la realidad
tal como es. Es muy importante conocer este tipo de sesgos si, por ejemplo,
queremos entender las reacciones de la gente antes distintas situaciones
sociales o si queremos cambiar algunas actitudes de nuestros alumnos. Os dejo
aquí algunos de estos sesgos por si fueran de vuestro interés:
1. Falsa unicidad: tendencia a creer que
nuestras habilidades son únicas y mejores que las de la media. Por ejemplo,
pensar que somos mejores en el trabajo que aquellos a lo que han despedido y por ese motivo no lo perderemos (olvidando las variables coyunturales del contexto).
2. Falso consenso: tendencia de un grupo
que comparte un atributo a sobreestimar la frecuencia o prevalencia de este
atributo en los demás de su grupo, frente al grupo que no lo posee. Por
ejemplo, cuando pensamos que todos los adolescentes consumen drogas, son
rebeldes y vagos.
3. Ignorancia pluralista: tendencia
errónea a creer que conocemos lo que pasa por la mente de los demás y cuáles
son sus actitudes. Por ejemplo, cuando preguntamos en clase ¿alguien tiene
dudas? Lógicamente algunas personas las tendrán pero a veces ocurre porque ven
que nadie pregunta e interpretan que no tendrán ninguna duda lo que aumenta su
reparo a preguntar.
4. Ilusión de control: tendencia a
creer que las situaciones de azar son situaciones de habilidades, es
decir, la creencia de que podemos controlar las situaciones incontrolables a
las que estamos expuestos. Por ejemplo, cuando pienso que en mi caso el consumo
de drogas no me traerá consecuencias negativas porque mi consumo es
controlado y planificado.
15 de enero de 2014
Clásicos modernos: El señor de las moscas
“Su mente estaba
llena de recuerdos: los recuerdos de la revelación al acorralar a aquel jabalí
combativo, la revelación de haber vencido a un ser vivo, de haberle impuesto su
voluntad, de haberle arrancado la vida, con la satisfacción de quién sacia una
larga sed” Golding, W.
(1972, 83). El señor de las moscas. Madrid: Alianza Editorial.
Unos de los propósitos de este blog es el de haceros llegar alguna que otra recomendación cinematográfica y literaria, siempre con la premisa de que la mayoría de las veces es difícil que nos guste lo que otra persona recomienda. En esta ocasión os traigo un clásico moderno. Uno de los pocos libros que yo he releído, supongo que por interés profesional. Ha trascurrido ya medio siglo desde que William
Golding nos regalara su “señor de las moscas”. La historia de un grupo de niños que llegan a una isla deshabitada tras un accidente aéreo y en la que tendrán que aprender a convivir a la espera de que alguien llegue a ayudarles. ¿Os suena? Algunas series han "revisitado" esta idea en los últimos años, aunque la novela de Golding supera cualquier referencia actual.
Muchas han sido las revisiones
realizadas sobre esta novela calificada de fábula moral sobre la naturaleza
humana, en la que se presenta una alegoría sobre la complejidad de nuestra
mente y su capacidad para albergar tanto emociones positivas como aspectos que
podríamos calificar de “destructivos”. Lo que en un principio entendemos como
un instinto de supervivencia se convierte con posterioridad en un mecanismo de
dominación y control. Hablamos de la agresión, ligada al inicio del
relato a la necesidad de alimentación y que paulatinamente va transformándose
en una “necesidad imperiosa de poder y dominio”. En realidad "El señor de las moscas" posee múltiples lecturas y, por tanto, diversos temas aunque en mi opinión se trata de una novela cuyo hilo conductor podría ser “la maldad de la naturaleza humana”. De todos modos, la novela de Golding no sólo da importancia al hecho de que la agresión puede formar parte de una tendencia innata hacia el uso de la agresión, sino que nos habla de cómo la interacción social provoca un determinado tipo de violencia vinculada a las capacidades de liderazgo y organización de aquellos que rivalizan por el poder dentro de la isla. En cualquier caso, el lector que se acerque a esta novela es libre de formar su propia idea sobre el análisis que en ella se hace de la conducta agresiva. Mi única intención es la de acercaros un clásico de la literatura moderna que ha envejecido muy bien y plantea interesantes preguntas para el debate en torno a nuestros instintos y necesidades. Eso sí, como los buenos libros, no ofrece respuestas, al menos no respuestas simples.
13 de enero de 2014
El mundo justo
Todavía hoy
muchas personas creen en la existencia de una “justicia universal” acompañada de ideas como que “el tiempo pone a cada uno en su sitio” o
que “a cada cerdo le llega su San Martín”. En este sentido, las personas tendemos a pensar que vivimos en
un lugar justo y bueno, donde a cada uno le ocurren las cosas que se merece en base a cuál ha
sido su comportamiento. Sin embargo, esta creencia conocida como
la hipótesis del mundo justo (Lerner, 1980) no deja
de ser una forma de auto-engaño que trata de defendernos de las múltiples
situaciones a las que nos expone el azar y de las que estamos desprotegidos.
Esta creencia en un mundo justo trata de eliminar el azar pensando que las
buenas personas obtienen cosas buenas mientras que las cosas malas les suceden
a quienes se han comportado de forma malvada. Sin embargo, la realidad nos demuestra que, por muy bien que nos comportemos, no siempre obtendremos cosas
positivas ya que el buen comportamiento o las buenas relaciones no son siempre recompensadas en el mismo sentido. Además, si lo pensamos bien, la creencia en el mundo
justo es un mecanismo generador de desigualdades y de injusticia social. Quienes son víctimas de algún tipo de violencia, ¿merecen realmente su destino? Las
personas con este tipo de creencia tenderán a pensar que la víctima, en alguna
medida, es responsable de los que le ocurre, olvidando las motivaciones de su
agresor y la fuerza del contexto en el que esa agresión ha ocurrido. Ya lo dijo Rojas Marcos (1997), "nadie por poderoso o bien intencionado que sea, es inmune a los espasmos irracionales de la sociedad".
11 de enero de 2014
Púa
Sobre su rostro caía el único rayo de luz que se colaba a través de la puerta del maletero. A juzgar por el traqueteo de su cuerpo el coche parecía avanzar por un camino de tierra. De pronto su cuerpo quedó inmóvil, el coche se había parado. Percibió los pasos del conductor dirigiéndose a la parte trasera del coche. La puerta se abrió y lo que parecía la luz del atardecer invadió aquel maletero que olía a óxido. El conductor cogió una pala con la que se había golpeado una o dos veces, cuando el coche atravesó unos baches. Oía los golpes de la pala contra el suelo y después notó como su cuerpo se elevaba en los brazos de aquel a quien le fue fiel toda su vida. Notó el frío de la tierra en la que fue depositado con delicadeza y pudo ver cómo las lágrimas recorrían la cara de su dueño. Su cuerpo quiso moverse cuando escuchó aquel "hasta siempre Púa", pero ya no podía. Los perros no tienen conciencia de lo que es la muerte.
9 de enero de 2014
De perfiles y hombres
Es duro, muy duro volver al mundo de los perfiles y los contactos por Internet. Mucho más duro si sumamos al hecho en sí variables relacionadas con la ciudad en la que se vive, ya que la oferta y la demanda varían mucho. Y no hablo de las variables personales relacionadas con lo que buscas, lo que ofreces y los que otros buscan y ofrecen, porque en el mercado de la carne la mayoría de los perfiles muestran cacha y algún que otro bulto. Sin embargo, no es mi intención moralizar sobre el uso y contenido de las páginas o apps de perfiles. No puedo negar su utilidad porque facilitan de forma rápida lo que de otra forma sería difícil conseguir. Yo las utilizó, no lo voy a negar, aunque a veces incluso me pierdo en mis propios propósitos. Llevado por la creencia naive de que uno recibe lo que da, no cejo en mi intento de encontrar lo que quiero y en cualquier caso siempre puedes decir no a lo que te encuentres. La verdad es que me gustaría ligar en bares, discotecas (bueno, me gustaría más a plena luz del día en sitios más bucólicos) pero entre que no salgo y que mi generación (o más concretamente yo) no tiene habilidades para el ligoteo, Internet ha venido a suplir estas dificultades y también ha hecho de los "pagafantas" una especie en extinción.
No obstante, no os preocupéis aquellos o aquellas con un perfil más romántico que todavía desea ligar en lugares públicos. Las cabezas que se encuentran tras la creación de apps de contactos también quieren recoger a ese público potencial y están creando una nueva aplicación que, sin entrar en contacto directo con el posible ligue, te facilitará información del local, sitio o bar al que quieras ir diciéndote qué cantidad de hombres y mujeres hay, su orientación sexual, etc., y te hará un cálculo (en base a un determinado algoritmo de contacto) sobre tus posibilidades de ligar esa noche. Vamos, lo mismo, pero con más parafernalia por si no quieres ir al grano o por si eres algo más indeciso, quieres reflexionar algo más o quieres salvaguardar cierta magia del momento en cuestión. Y aún hay más. Si no eres de esas personas que se acuesta con el otro en el primer momento, no te preocupes porque en el futuro los vasos de los bares tendrá un microchip que, con sólo chocarlos, transferirán tu información de contacto y tus perfiles de las redes sociales a la persona con la que brindaste (y esto no me lo invento). Lleguemos o no a verlo y a utilizarlo (entiendo que nuestra generación no lo verá o ya no lo utilizará porque nos parecerá absurdo) lo importante volverá a ser que cuidemos la información que sobre nosotros existe en Internet ya que con lo que algunos ponen en las redes podrían arruinar una buena primera impresión. Yo, por lo pronto, tras algunas experiencias poco prometedoras en la red voy a seguir soñando que conoceré al amor de mi vida en el momento en que los dos cojamos la misma naranja mientras nos servimos fruta en un supermercado. Sin embargo, por el momento, qué lastima que no haya visto ningún perfil en Internet con una foto del ser humano en cuestión en un supermercado o en un campo de naranjas. No juzguéis mi falta de iniciativa, por algo hay que empezar.
7 de enero de 2014
Día del espectador: Mud
Hay algo de Tom Sawyer en esta película que vi la semana pasada gracias a una de las nuevas plataformas de cine digital a la que puedo acceder desde mi televisor (Wuaki.tv). En la película, dos preadolescentes estadounidenses pasan el verano haciendo viajes a una pequeña isla en el río Mississipi. En uno de los viajes en el que llegan a la isla para ver un viejo barco varado en unos árboles tras una tormenta, descubren a un hombre que se hace llamar Mud. No saben nada de él pero, guiados por la curiosidad y una incipiente atracción adolescente hacia el riesgo, empiezan a entablar una relación con él llevándole comida a la isla. La fascinación de los chicos por este personaje comienza a crecer a medida que Mud les va desvelando aspectos de su pasado. Mud ha matado a un hombre para proteger al amor de su vida, Juniper, y ahora se esconde de los sicarios que ha mandado tras él el padre del hombre asesinado. Cuando los jóvenes encuentran que Juniper ha vuelto a la ciudad en busca de Mud deciden ayudarles a preparar su huida. Sin embargo, la relación de Mud y Juniper no es tan idílica como parecía y los jóvenes se dan cuenta de que el amor, el honor o la familia no son conceptos tan firmes como ellos creían.
"Mud" es una película bella, un relato de aventuras apasionante que trata temas adultos con una gran elegancia a través de los ojos de dos personajes infantiles que empiezan a atisbar las decepciones de la vida adulta. Matthew McConaughey está estupendo en el papel de Mud, aunque destaca la interpretación de Tye Sheridan encarnando al joven que cree en el amor eterno y ayuda a Mud porque éste lucha por defender su amor con Juniper. En definitiva, una película con una gran fuerza temática y unas interpretaciones a la altura de los temas que exploran. Si todavía no la habéis visto es una buena propuesta para comenzar un nuevo año de cine y revisitar la idea de que el amor lo puedo todo.
5 de enero de 2014
El book erótico
Dos noticias sobre sexo, erotismo y pornografía han llamado mi atención durante los últimos días. La primera noticia, del pasado año, señalaba que los hombres empleamos entre dos y doce horas a la semana mirando pornografía. Este hecho no sería problemático si no consideramos que tenga un posible efecto de insensibilización. Al parecer, cuanta más pornografía vemos más necesitamos para seguir estimulándonos y, al parecer, menos atención prestamos al mundo real que nos rodea donde es difícil que tengamos sexo con un atractivo hombre con el que nos hemos quedado atrapados en un ascensor, o con una atractiva médica que se dispone a hacernos un chequeo. Concluyen en la noticia que cuanto más porno vemos, menos sexo tenemos. La verdad es que esta conclusión daría para una tesis. También habría que comprobar si se produce el mismo efecto en las mujeres aunque deberíamos estudiar si hay diferencias en los hábitos de consumo de pornografía.
La segunda noticia se refiere a los cada vez más habituales books eróticos. ¿Qué es esto? Pues tu propio álbum personal de fotografías eróticas donde puedes dar rienda suelta a tu sensualidad poniéndote ropa sexy y adoptando las posturas que, previamente, has podido ver en películas porno, etc. Al parecer este tipo de álbumes están animando el mercado fotográfico hasta el punto de que en EEUU se han incrementado un 50% durante el último año. No tengo datos del mercado español pero si ponéis en google "book erótico" os aparecen numerosas páginas con ofertas de este tipo. En algunas de ellas se ofrece como un posible regalo para sorprender a tu pareja. De este modo la pornografía que consuma te tendrá a ti como objeto de sus fantasías. Regalo con precios entre los 180€ y los 300€ dependiendo del lugar dónde se realicen las fotos (no es lo mismo hacerlo en tu casa que en un hotel de cinco estrellas), servicio de maquillaje y peluquería, cambios de vestuario, retoque de las fotos, impresión o edición digital.
En vísperas del día de reyes es difícil que podáis concertar una cita para un regalo de este tipo. Sin embargo, todavía queda año para regalar o siempre podéis optar por algo más amateur, hecho en casa. Yo solo os doy un consejo. Aseguraos de que el fotógrafo firme algún tipo de contrato de confidencialidad y, por favor, lo hagáis de forma profesional o casera no le deis las fotos en formato digital a vuestras parejas. Nunca se sabe donde pueden acabar las fotos si, por ejemplo, rompe con vosotros. Venga, a dar rienda suelta a vuestras fantasías. Feliz día de reyes.
3 de enero de 2014
La necesidad de formar parte de algo
Comenzado el año con algún que otro traspiés, lo mejor es volver a la rutina y en mi caso la rutina me lleva de nuevo a la investigación. Entre los estudios que he revisado estos días me ha llamado la atención la investigación titulada: "An exploration of the reasons why adolescents engage in traditional and cyber bullying" que en 2011, Courtney Wilton y Marilyn A. Campbell publicaron en Journal of Educational Sciences & Psychology. En su estudio preguntaron a adolescentes australianos entre los 12 y los 17 años, identificados como agresores en contexto escolar y en el ciberespacio, por qué agredían a otros chicos y chicas. Entre los agresores dentro del bullying tradicional, las razones más importantes fueron "conseguir algo que querían de los otros" y "hacer reír a la gente". Quienes eran agresores en el ciberespacio la razón más mencionada fue que "Internet nos permite ser otra persona". Los agresores señalaron que en la red podían disociarse de su yo real al sentirse en el anonimato y aparecer como intocables, lo que podría contribuir a su deshinibición a la hora de agredir. Por último, los agresores implicados tanto en el bullying tradicional como en el cyberbullying respondían mayoritariamente que la conducta agresiva les permitía conseguir la atención de los otros y que les hacía sentir bien.
Estos resultados son importantes, en primer lugar, porque permiten conocer las motivaciones tras el bullying a través de la voz de quien lo ejerce y, en segundo lugar, porque muestra la naturaleza social e instrumental de este fenómeno. Algunos de estos agresores desean conseguir la atención de los otros o hacerles reír, es decir, desean formar parte de un grupo, ser aceptados y encajar socialmente en dicho grupo. No se trata, al menos de forma exclusiva, de una necesidad individual (aunque algunos dicen sentirse bien), ni de problemas conductuales. Podemos afirmar que, al menos a corto plazo, la agresión es una conducta "adaptativa" para quien la ejerce ya que le permite conseguir sus objetivos, aunque estas relaciones sean a la larga negativas. Otros investigadores, además, han mostrado que algunos de los agresores escolares tiene un buen estatus social dentro del grupo/clase y otros estudiantes desean tener el mismo estatus o ser aceptados por estos "líderes". Si se quiere prevenir este tipo de conductas es necesario, por tanto, considerar la naturaleza intergrupal del fenómeno y la necesidad que subyace en muchos casos: la necesidad de formar parte de algo, relacionarnos con los demás, integrarnos en algún grupo, aunque lo hagamos de manera equivocada. No podemos ni debemos olvidar que, al fin y al cabo, somos seres sociales.
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