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7 de septiembre de 2014

La revolución sexual


El pasado mes de Agosto unos amigos me preguntaban si no existían investigaciones sobre nuestra conducta dentro de las apps de contactos. Yo aseguré que sí, aunque no había leído nada sobre ello. Imaginaba que, dado que existen estudios sobre los nicknames que utilizamos en las redes o el uso que damos a los emoticones, también  alguien habría indagado sobre nuestra conducta social en las aplicaciones para ligar (lo que en inglés llaman las geosocial networking applications). En aquel momento no indagué sobre ello y el interrogante sobre ese tipo de estudios se perdió en la memoria. 

La semana pasada recibí la visita de un estudiante italiano al que supervisaré un trabajo sobre homosexualidad y autolesiones. Me explicaba que la muestra será la misma que un estudio precedente en el que se contactó vía Internet con una población homosexual asegurando así un acceso más fácil a este colectivo. Aquello me hizo pensar en la conversación mantenida en Agosto y me lancé a buscar en el google académico. Si en su motor de búsqueda pones Grindr, una de las aplicaciones más utilizadas a nivel internacional, aparecen ya numerosos estudios. Lo curioso es que el Grindr no es todavía muy utilizado como un contexto para analizar distintos tipos de comportamiento si no como un método para conseguir muestra para estudios epidemiológicos o, muy interesante, cómo un mecanismo para la prevención. 

Por ejemplo, Jonathon Rendina et al. (Patterns of Lifetime and Recent HIV Testing Among Men Who Have Sex with Men in New York City Who Use Grindr, AIDS and Behavior, 2014, 18 (1), 41-49) hicieron una encuesta de 1,351 HSH (Hombres que tienen sexo con otros hombres) en la cuidad de Nueva York reclutados por Grindr. En esta encuesta analizaron indicadores para poder entender lo que influye que alguien se haya hecho la prueba para el VIH en algún momento puntual de su vida y/o durante el año pasado. La investigación demostró que 1 de cada 10 hombres de Nueva York usan Grindr y 1 de cada 5 en edades comprendidas entre 18 y 24 años, nunca se habían hecho la prueba para el VIH en su vida. Concluyen que usando las infraestructuras existentes y la popularidad de las tecnologías móviles como Grindr para identificar a hombres y proporcionarles información sobre la prueba del VIH, puede servir para desarrollar una estrategia eficaz para la prevención del VIH.

Sin embargo, mi intención era encontrar un estudio que analizará la conducta social (motivaciones de quienes utilizan esas aplicaciones; identidad sexual de quienes las utilizan, expectativas de su uso, etc.). En ese sentido, el terreno parece estar todavía poco explorado. De hecho, me topé con una investigación (Grov, Brelow, Newcomb, Rosenberger, & Bauermeister (2014). Gay and bisexual men's use of the Internet: Research from the 1990s through 2013. Journal of sex research, 57(4), 390-409) que concluye que las investigaciones sobre este tipo de aplicaciones es muy escasa y apuntan que será un campo muy fértil en los próximos años para entender nuestra conducta sexual. En su estudio hacen un estupendo y concienzudo repaso sobre el uso que gays y bisexuales hacen de Internet con propósitos sexuales (búsqueda de información sobre salud sexual, citas, cibersexo, búsqueda de sexo, pornografía y prostitución). A tenor de ello, muchos coincidiremos en que la auténtica revolución sexual la ha provocado Internet y su creciente sofisticación. Imaginad a una persona homosexual en una pequeña población alejada de una gran ciudad donde las actitudes son todavía, digamos, conservadoras. Imaginad también que Internet ha llegado allí y todo lo que le ofrece. No sólo pornografía, también encontrar a gente que pasa por un proceso similar, alguien con quien hablar, compartir y por qué no experimentar. Internet ha facilitado eso y muchas más cosas, cada vez más rápido (no hablaremos aquí de lo malo) desde aquellos primeros modem con aquel horrible sonido de conexión hasta el móviles de última generación. No obstante, tal y como los autores de este artículo concluyen, la revolución ha sido tal que cuando desde la investigación entendamos como las personas utilizan este tipo de apps, es posible que una nueva tecnología haya reemplazado estas aplicaciones y tengamos que volver a empezar. Venga, a investigar. 

6 de junio de 2014

Single, monogamus, open or monogamish, ¿qué es mejor para nuestro bienestar?


La investigación ha demostrado que estar en pareja mejora nuestra salud física y psicológica, particularmente para los hombres heterosexuales. Los heterosexuales con pareja informan de una mejor salud física, un menor malestar psicológico, menores índices de depresión y una mayor felicidad y satisfacción con la vida comparados con quienes están solteros. Además, quienes están en pareja  informan de un menor consumo de drogas, y tienes menores índices de mortalidad que los solteros. ¿Un alegato a favor de las relaciones? No, cuidado. Todo depende de las características de la relación y de la calidad de la misma. De hecho, quienes informan de tener una relación negativa o no estar satisfechos informan de una menor salud física, menor satisfacción con la vida y tienen mayores índices de mortalidad que las "parejas felices". 

Todo ello con las relaciones heterosexuales pero ¿qué pasa en las parejas homosexuales o bisexuales? ¿se producen los mismos efectos positivos cuando se comparte la vida con otro? A priori podríamos decir que sí, pero las parejas entre gays y bisexuales presentan una mayor variedad en la naturaleza de la propia relación. Sin embargo se trata de una cuestión poco investigada hasta el momento. 

Bajo esta premisa, Parsons, Starks, DuBois, Grov y Golub (2013) realizaron un estudio en el que examinaron indicadores como los riesgos en las relaciones sexuales, el consumo de drogas, la satisfacción con la vida o el conflicto en una muestra de 819 neoyorquinos homosexuales y bisexuales que estaban solteros, o tenían una relación monógama, abierta o lo que denominan como monogamish (aquellas en las que los miembros de la pareja acuerdan que cualquier actividad sexual con otros hombres debe tener lugar bajo un acuerdo previo y ocurrir con ambos miembros de la pareja presentes, entiéndase los tríos o las orgías). 

El estudio apoya la idea de que, también para homosexuales y bisexuales, tener una relación, con independencia de la naturaleza de la misma, proporciona beneficios para la salud de homosexuales y bisexuales. Los hombres en una relación monógama informan de un menor uso de drogas en comparación con el resto de grupos, y un menor uso también durante la actividad sexual. También corren menores riesgos en las relaciones sexuales pero esto viene dado por la monogamia. ¿Alegato a favor de la monogamia? No, el estudio no concluye que sea la mejor forma de relación, ese no es su objetivo. También muestra que la relación que denominan como monogamish tienen mayores beneficios que estar soltero o tener una relación abierta e incluso alcanza los beneficios de la relación monógama. Por ejemplo, los hombres en este tipo de relación presentaron una mayor satisfacción con la vida y menor depresión que los solteros lo que indica que acordar mutuamente una actividad sexual con otros hombres puede ser saludable psicológicamente. O por ejemplo, informaban en menor medida de no usar preservativo que los solteros y aquellos que estaban en una relación abierta. ¿Alegato a favor de la monogamish? Tampoco. El estudio solo pretende hacer una exploración de como la percepción individual de la pareja se asocia con diferentes indicadores conductuales y psicológicos. Ahora cada cual decide. Eso sí, ponen de manifiesto que no todos los acuerdos en las relaciones están asociados con resultados positivos o negativos vinculados a la salud física y psicológica. Además, indica no sólo la importancia de que ambos estén de acuerdo en lo que se quiere hacer, sino que también se tenga cabeza con lo que se hace. Si tienes una relación abierta, olé, pero no tomes riesgos que puedan afectar a tu pareja. Al final lo que prevalece, como siempre, es el sentido común. 

Podéis leer el estudio aquí: 

Parsons, J.T., Starks, T.J., DuBois, S., Grov, C., & Golub, S.A. (2013). Alternatives to monogamy among gay male couples in a community survey: implications for mental health and sexual risk. Archives of Sexual Behavior, 42, 303-312. 

7 de mayo de 2014

Saboreo


El domingo 4 de Mayo corrí mis primeros 10 kilometros dentro de una carrera de competición en la que fue la XXXI Carrera Popular El Caño, en el pueblo donde me crié. Desde luego no supone ningún mérito, no quedé entre los primeros clasificados y ni siquiera obtuve diploma de participación. En todo caso cumplí un reto personal, me batí conmigo mismo en una actividad que no practico habitualmente y para la que no había entrenado. De ahí que mucha gente cercana pensará que me retiraría en mitad del recorrido. 

Algunos pensaréis que me he sumado a la moda del "running", puede ser. Pero, entre otras cosas, esta ha sido una actividad para crear recuerdos de eventos o acontecimientos positivos a nivel individual o interpersonal. Mi intención es saborear cosas con las que disfruto y con las que te hacen disfrutar. Quienes hayáis corrido sabéis que esta práctica, más allá del esfuerzo y el desgaste físico, es una actividad altamente adictiva. Adictiva porque facilita la segregación de endorfinas (esas pequeñas moléculas de la felicidad que te hacen sentir bien), pero además adictiva porque puede ser muy placentera, porque te permite disfrutar del medio ambiente, porque te permite cumplir pequeño retos, porque es una actividad que te vincula a otras personas, en la que la gente te anima con sus aplausos, y por otros muchos motivos. En definitiva, correr te permite tomar mayor conciencia de los pequeños placeres que tiene la vida, te permite desconectar de los problemas cotidianos. Pero esa satisfacción no debe acabar ahí, como señalaba antes, debemos tratar de crear recuerdos sobre estos eventos, por ejemplo, a través de fotografías, hablando con quienes han compartido la carrera, también con quienes te han visto, para que dentro de un tiempo comiencen los: "recuerdas cuando...". 

En psicología positiva la creación de estos recuerdos está vinculada a lo que se conoce como "saboreo" que consiste en tomar conciencia del placer e intentar deliberadamente que permanezca. La investigación sobre este aspecto ha encontrado que las personas que saborean habitualmente son más felices y optimistas, además de estar menos deprimidas que aquellas no saborean. Para ello tan sólo tenemos que compartir acontecimientos positivos con otros, felicitarnos a nosotros mismos cuando suceden cosas buenas, quedar absortos en el placer sin pensar en otros asuntos, o escribir un blog para almacenar todos esos buenos recuerdos a los que regresar de vez en cuando. Así que ya sabéis, saboread todo lo que podáis aquello que habéis disfrutado y que os ha hecho felices. Es gratis. 

3 de mayo de 2014

Uso del color y estereotipos de género: ¿cómo colorean niños y niñas?


"El azul es para los chicos y el rosa para las chicas" así como "la muñecas son para las chicas y los camiones para los chicos" son estereotipos de género ampliamente conocidos y aceptados, por algunas personas, en las culturas occidentales. Estudios recientes sugieren que, desde muy temprano, niñas y niños se ven influenciados por estos estereotipos y, en base a ellos, muestran una preferencia por los colores que se asocian socialmente a su género, tomando decisiones considerando dichas creencias estereotípicas. Concretamente, los estudios han encontrado que las chicas escogen, en general, los colores rosa y morado de forma significativamente superior a los chicos. Las diferencias en estas preferencias podrían ser el resultado de aplicar las observaciones del comportamiento de los otros sobre uno mismo. Por ejemplo, las chicas pueden desarrollar una mayor preferencia por los colores rosas, morados o rojos al ver que otras chicas los llevan en su ropa o complementos, considerando así que son más prototípicos de su género. Los chicos, por su parte, al realizar estas mismas observaciones pueden llegar a la conclusión de que los rosas o morados no son apropiados para su género y evitar, por ello, vestirse de esos colores.

Con el objetivo de comprobar cómo el género y la información relacionado con él influyen sobre la elección del color, Karniol (2011) realizó un estudio en el que 98 niños y niñas israelíes de entre 4 y 8 años debían elegir un cuaderno de ilustraciones que contenía dos estereotipos de género contradictorios relativos al color y a la ilustración de su cubierta (como los que veis en la foto de este post). Una de las cubiertas era rosa (color estereotípico femenino) y tenía en su portada una figura masculina (ilustración de Batman); mientras que el otro cuaderno era azul (color estereotípico masculino) y tenía en su portada una figura femenina (ilustración de una muñeca Bratz). Después de elegir uno de los dos cuadernos, niños y niñas debían colorear, con colores estereotípicamente femeninos y masculinos, tres ilustraciones contenidas en él, con colores estereotípicamente masculinos (azul claro y oscuro, verde claro y oscuro) y colores estereotípicamente feemninos (rosa, rojo, morado y malva). Dos de las ilustraciones eran prototípicas de cada género (una figura femenina y otra masculina), mientras que la tercera ilustración era de naturaleza neutra (cinco estrellas). Su intención al incluir estas tres figuras era comprobar si la elección de colores a la hora de pintar las ilustraciones estaba influenciada tanto por el género de los escolares como por la naturaleza estereotipada o no de la ilustración. 

Los resultados de Karniol mostraron que, de forma mayoritaria, chicas y chicos elegían el cuaderno a partir de la ilustración de la cubierta y no relación con su color. Este resultado evidencia que cuando se presentan dos estereotipos de género contradictorios, la figura o el objeto adquiere mayor importancia que el color, a la hora de tomar decisiones. Para colorear las ilustraciones, tanto los chicos como las chicas, utilizaron mayor cantidad de colores para pintar la figura estereotípica de su propio género. Las mayores diferencias aparecieron en el uso de los colores estereotípicamente femeninos. Los chicos utilizaron estos colores con una frecuencia significativamente menor en comparación con las chicas, tanto en la figura femenina como en la neutra. Los resultados también mostraron que los chicos evitaban mayoritariamente el uso del rosa y, en muchos casos, no colorearon la figura femenina. Karniol (2011) explicó estos resultados en relación a la socialización de género, concluyendo que la elección de los colores con los que los chicos y las chicas pintaron las ilustraciones estaba influenciada por su identidad de género.

Bajo esta premisa, hace ya dos años decidí hacer una réplica de este estudio en nuestro país, aunque introduciendo algunas novedades como un mayor número de colores (añadimos el color naranja y amarillo) y presentamos nuevos dibujos a un mayor número de participantes (n=614). De forma global, nuestros resultados corroboran las conclusiones de Karniol (2011) sobre la influencia del género y la información estereotipada en las preferencias que los niños y las niñas tienen hacia unos colores u otros. Sin embargo, nuestro trabajo aporta nuevos datos sobre cómo opera la variable género en la selección de los colores y cómo dicha selección está influenciada por la naturaleza estereotipada de las ilustraciones en un contexto como el español. Entre los resultados, encontramos que los niños españoles no rechazaban tan abiertamente el color rosa para pintar los dibujos (al menos cuando lo utilizan para pintar partes del cuerpo) y que ambos adaptan el uso de colores a los dibujos presentados. Por ejemplo, si el dibujo representa una chica tanto niños como niñas utilizan más colores considerados femeninos para colorearla, mientras que si el dibujo es de un chico niños y niñas utilizan más colores estereotípicamente masculinos para pintarla. Ello evidencia que conocen los estereotipos y adaptan su conducta de colorear al tipo de dibujo que se presenta. Este estudio ha sido publicado recientemente en la revista americana Gender Issues y tenéis la referencia y el link a continuación por si queréis profundizar en su lectura.


Navarro, R., Martínez, V., Yubero, S. y Larrañaga, E (2014). Impact of Gender and the Stereotyped Nature of Illustrations on Choice of Color: Replica of the Study by Karniol (2011) in a Spanish Sample. Gender Issues, 31 (2), 142-162  

http://link.springer.com/article/10.1007/s12147-014-9122-1


19 de marzo de 2014

El azar de un twitt y #cosasbonitasparadiasfeos



Aunque me repita debo volver a decir que soy de los que cree que cada uno de nosotros debe buscarse su propia suerte. Es decir, que debemos trabajar, poner esfuerzo, para conseguir cosas que queremos. Sin embargo, esta creencia no me lleva a ser ingenuo y también reconozco que a veces la suerte llega a ti por azar. El pasado mes de noviembre una reconocida editorial en el campo científico publicaba uno de mis últimos artículos sobre la temática que ahora ocupa parte de mis horas de trabajo: el cyberbullying. Como había hecho otras veces twitteé su publicación y el área de psicología de esa editorial retwitteó mi publicación. También lo había hecho otras veces. Sin embargo, esta vez fue diferente porque el responsable de esa cuenta y editor de psicología para esa editorial me escribió para decirme que había seguido mis publicaciones y estarían interesados en publicar un libro sobre mi tema de estudio. Al principio no le di importancia. Normalmente cuando publicas algo académico te empiezan a mandar mails de distintos grupos editoriales (por lo general poco conocidos), y de poca relevancia académica donde no sólo debes mandar el trabajo sino también pagar por su publicación. Sin embargo, esta propuesta parecía diferente, al menos por la editorial de origen. Tras hablar varias veces con el editor, una persona muy agradable y con mucha experiencia, me embarqué en la aventura. Nada estaba resuelto, incluso cuando el interés partía de ellos, y tuve que elaborar una propuesta analizando los libros en el mercado y ofreciendo novedades con respecto a lo ya publicado. La propuesta pasó dos evaluaciones de su equipo editorial y transcurridos tres meses he firmado un contrato como editor para la publicación de un libro en el que he conseguido reunir a investigadores de Norte América, Canadá, Colombia, Corea del Sur, Bélgica e Irlanda. Por supuesto, también a compañeros de mi centro de trabajo. A partir de este momento comienza un periodo de intenso trabajo que me llevará un mínimo de un año, pero lo afronto con mucha ilusión porque además de ser un reto es una cosa bonita para los días feos que vivo últimamente. Desconozco parte de los motivos que hicieron centrar la atención de esta editorial en mi, pero entiendo que ese twitt del que os hablaba al principio me situó en el mapa. Un mapa de investigadores muy grande, creedme. Al menos ahora estoy más convencido de que las redes sociales tienen algo bueno. Seguiré publicando en ellas. 

2 de febrero de 2014

Algo viejo y algo nuevo



La teoría sobre la congruencia de rol de género establece que nuestra vinculación con los roles valorados socialmente puede provocar reacciones positivas mientras que el alejamiento de estos roles provocaría reacciones negativas en los otros y también sentimientos negativos en uno mismo. Por ejemplo, hace años una mujer que buscara poder político o que pretendiese ser la presidenta de una empresa podría ser vista de forma negativa debido a que violaba los roles tradicionales. Igualmente, un hombre que se ocupara de los hijos y del hogar mientras su mujer trabaja fuera, podría suscitar alguna que otra reacción poco neutral. A pesar de ello, los cambios sociales acontecidos durante las últimas décadas ofrecen un nuevo panorama para el análisis de esta teoría ya que es posible que hombres y mujeres adopten creencias y conductas congruentes con los nuevos valores sociales y, ahora sí, obtenga reacciones positivas. 

Con esta idea Diekman, Johnston y Loescher (2013) realizaron una investigación con universitarios norteamericanos para comprobar en qué medida la exposición a los cambios sociales influye sobre el interés y la expectativa de éxito en diferentes carreras. Dividieron a los participantes en dos grupos: uno de los grupos leía noticias que reflejaban los cambios significativos que hombres y mujeres había experimentado en el campo laboral y profesional (condición de cambio social), mientras que el segundo grupo leía noticias donde se hablaba de la estabilidad de hombres y mujeres en roles y profesionales tradicionales (condición de estabilidad social). Después los participantes debían indicar su interés y sus expectativas de éxito que esperarían en distintas profesiones congruentes e incongruentes con su rol de género.

Los resultados eran previsibles. Los participantes indicaron mayores expectativas de éxito en aquellas profesiones que eran congruentes con los roles presentados durante la lectura. Los participantes en la condición de cambio social, en comparación con los que estaban en la condición de estabilidad social, indicaron mayores expectativas de éxito en las profesiones no asociadas a roles tradicionales pero también mantuvieron buenas expectativas en las carreras asociadas con roles tradicionales. Es decir, los cambios sociales no modifican nuestras actitudes y conductas de forma rápida y radical porque seguimos manteniendo algo de lo antiguo, pero si que introduce una nueva visión de la realidad que mejora nuestra predisposición al cambio (en este caso de roles). De hecho, si lo pensamos, manteniendo la posibilidad de adoptar roles tradicionales pero también vinculándonos a nuevos roles estamos mejor preparados para adaptarnos a lo que el futuro nos depare. Como en las bodas, es mejor llevar algo viejo y algo nuevo con nosotros. En definitiva, que más allá de nuestras creencias las personas podemos adaptarnos a casi todo, sobre todo si esa adaptación viene acompañada de resultados positivos.

Artículo: Diekman, A. B., Johnston, A. M., & Loescher, A. L. (2013). Something Old, Something New: Evidence of Self-Accommodation to Gendered Social Change. Sex Roles, 68: 550-561. 

3 de enero de 2014

La necesidad de formar parte de algo


Comenzado el año con algún que otro traspiés, lo mejor es volver a la rutina y en mi caso la rutina me lleva de nuevo a la investigación. Entre los estudios que he revisado estos días me ha llamado la atención la investigación titulada: "An exploration of the reasons why adolescents engage in traditional and cyber bullying" que en 2011, Courtney Wilton y Marilyn A. Campbell publicaron en Journal of Educational Sciences & Psychology. En su estudio preguntaron a adolescentes australianos entre los 12 y los 17 años, identificados como agresores en contexto escolar y en el ciberespacio, por qué agredían a otros chicos y chicas. Entre los agresores dentro del bullying tradicional, las razones más importantes fueron "conseguir algo que querían de los otros" y "hacer reír a la gente". Quienes eran agresores en el ciberespacio la razón más mencionada fue que "Internet nos permite ser otra persona". Los agresores señalaron que en la red podían disociarse de su yo real al sentirse en el anonimato y aparecer como intocables, lo que podría contribuir a su deshinibición a la hora de agredir. Por último, los agresores implicados tanto en el bullying tradicional como en el cyberbullying respondían mayoritariamente que la conducta agresiva les permitía conseguir la atención de los otros y que les hacía sentir bien.

Estos resultados son  importantes, en primer lugar, porque permiten conocer las motivaciones tras el bullying a través de la voz de quien lo ejerce y, en segundo lugar, porque muestra la naturaleza social e instrumental de este fenómeno. Algunos de estos agresores desean conseguir la atención de los otros o hacerles reír, es decir, desean formar parte de un grupo, ser aceptados y encajar socialmente en dicho grupo. No se trata, al menos de forma exclusiva, de una necesidad individual (aunque algunos dicen sentirse bien), ni de problemas conductuales. Podemos afirmar que, al menos a corto plazo, la agresión es una conducta "adaptativa" para quien la ejerce ya que le permite conseguir sus objetivos, aunque estas relaciones sean a la larga negativas. Otros investigadores, además, han mostrado que algunos de los agresores escolares tiene un buen estatus social dentro del grupo/clase y otros estudiantes desean tener el mismo estatus o ser aceptados por estos "líderes". Si se quiere prevenir este tipo de conductas es necesario, por tanto, considerar la naturaleza intergrupal del fenómeno y la necesidad que subyace en muchos casos: la necesidad de formar parte de algo, relacionarnos con los demás, integrarnos en algún grupo, aunque lo hagamos de manera equivocada. No podemos ni debemos olvidar que, al fin y al cabo, somos seres sociales.

24 de diciembre de 2013

Hablemos de actitudes y contradicciones



Imaginad que un amigo, un familiar o un desconocido nos dice “la navidad es mi época favorita del año”. Con esta afirmación está mostrando una actitud. Es decir, su grado de favorabilidad o desfavorabilidad ante un objeto social (puede ser una idea abstracta, una persona, un grupo de personas o algo más concreto como una figura o un cuadro). La expresión de las actitudes, por tanto, muestran nuestras creencias y también nuestros gustos. Se encuentran compuestas por tres elementos: 1) el cognitivo, relativo a las ideas sobre el objeto social (“la navidad es una época entrañable”), 2) el afectivo, relacionado con los sentimientos que nos despierta algo (“la navidad me hace feliz”) y 3) el elemento conductual (“durante la navidad canto villancicos, trato de hacer feliz a otros, decoro mi casa con adornos navideños”).

Durante mucho tiempo se pensó que existía consistencia entre los tres elementos de manera que las ideas positivas irían acompañadas de sentimientos positivos y conductas en línea con las ideas y los sentimientos despertados por el objeto de actitud. De esta manera cada uno de nosotros alcanzaría lo que se denomina coherencia actitudinal. La idea era que las personas no podemos vivir en la contradicción entre lo que pensamos, lo que decimos y lo que hacemos. Pero como ya todos sabéis, podemos vivir perfectamente en la contradicción, de hecho, muchas veces nuestra conducta contradice nuestros pensamientos. Tranquilos, es algo normal. Los propios objetos sociales son ambiguos, por ejemplo, tener una buena formación ya no asegura un buen trabajo o un buen nivel económico.

Por lo general, experimentamos contradicciones que no tienen ninguna repercusión en nuestra vida. Podemos pensar que el sushi es una comida saludable y muy proteica (cognición), pero darnos asco (afectivo) y, por este motivo, no comerlo (conductual). No obstante, en otras ocasiones experimentamos cierto malestar como consecuencia de nuestras contradicciones. Podemos creer en valores como los de la igualdad, la equidad, la protección social pero no hacer nada a nivel individual para que se consigan. Es cierto que el malestar psicológico experimentado dependerá de cómo somos cada uno de nosotros, pero en el caso de sentir esto que se llama disonancia cognitiva (malestar derivado de la contradicción entre nuestras ideas y nuestra conducta) tenderemos a generar nuevas actitudes que justifiquen nuestra conducta actual, por ejemplo, “a nivel individual no podemos hacer nada, deben ser los políticos quienes realicen cambios en esa dirección”.  Y así con todo, con nuestras compras, con nuestras relaciones, etc., somos seres en constante contradicción y hemos aprendido a vivir muy bien en ella. Sólo tenéis que encender la tele y ver noticias recientes porque no creo que todas las diputadas del partido en el gobierno estén de acuerdo, por ejemplo, con la actual reforma de la ley del aborto y, sin embargo, es probable que voten a favor. 

17 de diciembre de 2013

100 mitos de la ciencia


Hablando de mitos, os recomiendo el libro de Daniel Closa i Auset donde se recogen y desvelan 100 mitos de la ciencia relacionados con nuestro cuerpo, las enfermedades, la comida, la evolución, la Tierra, el espacio, los científicos o la historia. Narrado de forma muy amena y didáctica, Closa nos desvela que con la luna llena no nacen más niños, que el resfriado no lo causa el frío, que las hamburguesas no son tan malas para la salud, los gatos no siempre caen de pie, que la muela del juicio también estará en futuras generaciones, y que si todos los niños saltaran a la vez no alterarían la rotación de la Tierra. Cada mito es desvelado en dos páginas y en 230 páginas podremos abandonar muchas de las creencias erróneas que se nos han trasmitido y que nosotros hemos seguido transmitiendo sin preocuparnos por la veracidad de dicho argumento. 

Y para despedirme, por el momento, os desvelo otra falsa creencia que se oye mucho durante estos meses de frío y que no se recoge en el libro de Closa aunque entiendo que no constituye un mito como tal. Supongo que alguna vez habréis escuchado aquello de "se me han quedado los pies helados y ya tengo frío en todo el cuerpo". Para entender por qué erramos cuando lo decimos debemos conocer que el calor de nuestro cuerpo sirve para proteger nuestros órganos y, claro está, para su correcto funcionamiento. De este modo cuando sentimos frío, nuestro cuerpo redistribuye el calor hacia los órganos que más lo necesitan (piensa en tu corazón o en tus pulmones) y es entonces cuando nuestras extremidades empiezan a quedarse frías ya que necesitan de una menor fuente de calor para su funcionamiento. Por este motivo, el proceso es el contrario al que se piensa normalmente. Primero nuestro cuerpo siente frío y después los pies se nos quedan fríos porque el calor se está redistribuyendo. A leer amigas y amigos. 

12 de diciembre de 2013

El fenómeno Lara

Viendo que entre las entradas recientes una de las más leídas ha sido "Princesas del Barrio Disney", vuelvo a traer a este foro otra investigación relacionada con el género y la diferente representación de hombres y mujeres. En esta ocasión os presentó una investigación publicada en 2007 por Jeroen Jansz y Raynel G. Martis sobre la representación de personajes femeninos en la que, hoy en día, se ha convertido en una de las mayores industrias del entretenimiento: los videojuegos.

Estudios previos ya habían analizado la presencia de estereotipos de género en los personajes de estos juegos, encontrando que los hombres ocupaban posiciones dominantes y las mujeres posiciones sumisas dentro de su historia narrativa. Por ejemplo, en cualquier videojuego de Mario Bross (creo que con la excepción de MarioKart), el enamorado fontanero debe rescatar a la princesa Peach de las manos del malvado Bowser. Sin embargo, el estudio que aquí os presento analizó la aparición de personajes femeninos que contrastaban con los estereotipos de género tradicionales al transmitir mayor competencia y dureza, ocupando posiciones más dominantes. El principal de estos personajes fue, como no, Lara Croft que en 1996 desembarcó en el imaginario colectivo a través de Tomb Raider (para algunos de vosotros este personaje tendrá la cara de Angelina Jolie en su adaptación cinematográfica).

Jansz y Martis (2007) analizaron una docena de videojuegos seleccionados por su popularidad (ventas), la diversidad de género y razas entre sus personajes, su naturaleza narrativa (que narrara alguna historia) y que estuvieran disponibles en las principales consolas (en aquellos años para Playstation 2 y XBox). El objetivo era conocer si en los videojuegos seleccionados (que incluían Charlies's Angels, Final Fantasy X, Silent Hill3, Splinter Cell y Tomb Raider, entre otros), los personajes femeninos tenían una posición más poderosa y prominente que en juegos de años anteriores, lo que vendría a confirmar la existencia de lo que llamaron "Lara phenomenon", a saber, la presencia de personajes femeninos fuertes, poco dóciles y sumisos, ocupando roles antes asignados a los hombres. En su análisis tuvieron en cuenta el número de personajes masculinos y femeninos, la posición o rol ocupado (héroe, villano, ayudante y princesa) y su apariencia física. 
¿Qué encontraron? En todos los juegos analizados hay un mayor número de personajes masculinos que femeninos aunque el número de personajes femeninos era mayor que los años previos. No encontraron ningún personaje femenino sumiso lo que confirma la tendencia del fenómeno Lara por el que las féminas eran más fuertes y dominantes en el juego. En muchos de estos videojuegos son las mujeres quienes salvan a los hombres por lo que desempeñaban el rol de héroes. Sin embargo, si que parecen existir estereotipos de género robustos en relación a la apariencia física: los hombres son todavía representados como "hipermusculados" (envidia mala la mía), mientras que la mujer se representa de forma muy sexual con grandes pechos, prominentes culos y vestidos que no ocultan nada, lo que también refleja que el principal target comercial de estos videojuegos fueran los hombres.

El estudio tiene diversas limitaciones, como una escasa selección de videojuegos (12 no es demasiado representativo de la oferta incluso cuando hablamos del año 2007), o que sólo analizaron los personajes más visibles que ocupaban posiciones de liderazgo dentro del juego. En cualquier caso, a pesar de presentar una imagen hipersexualizada de las mujeres, me parece interesante que se ofrezca una representación de la mujer dentro de posiciones más poderosas, aunque estemos hablando de mundos virtuales. Quedaría por ver si este fenómeno Lara sigue todavía presente en los videojuegos más recientes. ¿Qué os parece?

El estudio: Jansz, J. & Martis, R.G. (2007). The Lara phenomenon: powerful female characters in video games. Sex Roles, 56, 141-148.

10 de diciembre de 2013

El bullying y sus mitos


El próximo 16 de Diciembre he sido invitado a la semana cultural de Villamayor de Santiago (Provincia de Cuenca) para dar una conferencia sobre los mitos en torno al bullying (acoso escolar, maltrato entre iguales). La verdad es que la invitación me hace ilusión y me pone nervioso a partes iguales pero después de más de 8 años dedicados a la investigación de este fenómeno de agresividad interpersonal creo que algo podré aportar sobre el tema. Aprovecho este espacio para dar las gracias a quien me ha invitado, sobre todo por confiar en mí. Espero no decepcionarle y también espero no aburrir demasiado al público.

Dado que sobre el bullying ya se ha dicho mucho me he planteado abordarlo desde una perspectiva distinta recogiendo todos los mitos que durante estos años he podido escuchar. La idea es plantear dichos mitos a los asistentes a la conferencia y desmontarlos con sus aportaciones. Os dejo aquí algunos de esas ideas preconcebidas sobre el bullying (sin desmontar) y os pido que añadáis creencias que vosotros mismos tengáis sobre esta conducta agresiva sean o no sean mitos. Ya os contaré cómo va todo. Gracias. 

1) El bullying es algo propio de los centros educativos estadounidenses, en España no podemos hablar de bullying. 

2) El bullying ha aumentado a nivel mundial durante los últimos años.

3) El bullying no es una conducta "adaptativa", útil para quien lo utiliza. 

4) La prevalencia del bullying es mayor en los centros de titularidad pública.

5) Las víctimas de bullying han hecho algo para provocar la agresión, en algunos casos la merecen.

6) Los agresores escolares provienen de contextos problemáticas, con familias en las que se socializa a sus miembros en la agresión.

7) Los agresores escolares son impulsivos y son rechazados dentro de su grupos de iguales. 

8) El bullying no tendría lugar si los maestros y profesores estuvieran más atentos. 

9) El bullying es mayoritariamente un problema de chicos. 

10) El agresor desconoce cómo se siente la víctima de su agresiones (no poseen lo que se conoce como teoría de la mente)

11) Las víctimas de bullying lo son porque son más débiles físicamente que su agresor.

12) El bullying es un fenómeno interpersonal que sólo implica al agresor y la víctima.

13) El bullying fortalece a las víctimas. 


3 de diciembre de 2013

Cruising in the park



Como ya sabéis el término inglés "cruising" hace referencia a la búsqueda de sexo en lugares públicos como parques, playas, bosques, etc. Normalmente esta práctica es atribuida a hombres que tienen sexo con otros hombres. En contexto anglosajón se agrupa a estos hombres dentro de la categoría "MSM" (Men who have sex with men). Pues bien, al utilizar esta categoría tan general corremos el riesgo de simplificar la diversidad de relaciones, identidades y comportamientos de los hombres que participan en el cruising. A esta conclusión llega Stefano Ramello en su estudio "Discovering multiple identities among Italian non-heterosexual men in a cruising context" publicado en la revista Psychological Studies.
Ramello entrevistó a 57 hombres que hacían cruising para tener sexo con otros hombres en un parque de una ciudad del Norte de Italia.  En sus entrevistas encontró que no todos los hombres se definían a uno mismo como "gay" u "homosexual" sino que la identidad sexual entre los "cruisers" podían organizarse en 6 tipologías 

Tipología I: Homosexual. Los hombres en esta categoría se diferencian de los heterosexuales en su actividad sexual pero no necesitan conectar emocionalmente con otros hombres. No muestra interés por el mundo gay ni desean relacionarse con personas con los mismos deseos sexuales ya que entienden su sexualidad como algo privado que no quieren discutir abiertamente. 

Tipología II: Gay. En este caso ocultar los deseos sexuales hacia otros hombres o es una opción y supone tener una vida social pública con otros gays e implicarse de alguna manera con la comunidad gay. Su sexualidad forma parte de su identidad social y no la esconden.

Tipología III: Queer. Se diferencian de los gays en que no sólo se unen a organizaciones que lucha por los derechos de los homosexuales sino que, desde ellas, tratan de reinventar y cambiar las instituciones y participan de actividades para visibilizar la estigmatización en ambiente no homosexuales. Su sexualidad no es sólo vista como una variación de la norma sino como una posibilidad de agitar las nociones de la normalidad. 

Tipología IV: Armarizados (Closeted). Hombres que tratan de eludir, evitar o que mienten sobre su sexualidad porque temen la desaprobación social, lo que también les lleva a mantener relaciones con mujeres para ofrecer una imagen de heterosexualidad. 

Tipología V: "Normal". Aquellos que no se identifican social, personal y políticamente como gays, homosexuales o queer, aunque tienen sexo con otros hombres de forma frecuente. Entienden la homosexualidad como algo negativo y evitan su etiqueta porque no desean ser considerados anormales. Disocian su conducta sexual de su identidad personal y no sienten culpa por su actividad, se conciben como cualquier otra persona pero no homosexuales. 

Tipología VI: Paralelo. Para estos hombres la vida es una combinación de diferentes conductas. Durante el día van al trabajo, pasan tiempo con sus amigos o están con la familia. Durante la noche se acercan a un lado oculto de sus vidas y buscan a otros hombres en parques, bares, etc. Consideran está última faceta de su vida como una realidad paralela, sólo sexo, que no puede ser mezclada con su vida cotidiana porque les hace sentir mal. 

El resultado de todo ello viene a decirnos que no existe una identidad sexual y social gay homogénea. Hay múltiples modos de ser homosexual. Cada persona define su propia identidad y gestiona su sexualidad de la forma en que crea menores problemas en su vida social y evita, en la medida de lo posible, la disonancia cognitiva que su conducta le puede ocasionar. Entendiendo por disonancia cognitiva el posible malestar derivado de las contradicciones entre lo que pensamos y mostramos públicamente con nuestro comportamiento real. Y esto lo hacemos todos, heterosexuales, homosexuales, bisexuales....no hay más que pasarse por la red. Al fin y al cabo, esas no son más que etiquetas sociales que cada uno adaptamos a nuestra vida sexual ya sea en parques, aviones o en nuestras casas. 

29 de noviembre de 2013

Sesiones de cineclub: Hannah Arendt



Por fin el miércoles pasado pude ver la película que la directora alemana Magarethe von Trotta dedica a la figura de la filósofa judía de origen alemán Hannah Arendt. Hoy mismo, una alumna que también acudió a la cita del cineclub me ha preguntado si Hannah Arendt existió realmente. Lo cierto es que no me ha extrañado su pregunta. Cuando tengo ocasión reivindico que no tenemos por qué saberlo todo igual que no es necesario tener una actitud sobre cualquier objeto social (ahí entran también las personas) y, además, no hay nada malo en decir "no lo sé". Y digo que no me ha sorprendido su pregunta porque hasta hace poco más de un año yo tampoco sabía nada de una pensadora tan importante, probablemente porque ninguno de mis maestros y profesores leyera algo escrito por ella. En mi caso, un compañero me recomendó su sesudo aunque certero (en mi opinión) "Eichmann en Jerusalén", un relato sobre la figura de Aldof Eichmann (Teniente Coronel de las SS que llevó a cabo la solución final en Polonia) y su juicio en Israel una vez que los servicios secretos israelís lo capturaran en Buenos Aires. 
La película mencionada recupera parte de la vida de Hannah Arendt pero se centra principalmente en el momento en que escribe los polémicos artículos para el New Yorker sobre el juicio de Eichmann que posteriormente serían publicados en el libro mencionado. Artículos polémicos en su momento que, como nos muestra el relato cinematográfico, provocó su ostracismo en determinados círculos familiares y académicos. Muchos amigos y compañeros dieron la espalda a Hannah e incluso el propio servicio secreto israelí la amenazó. No cedió a la presiones y continuó publicando sus ideas. 
¿Por qué fueron polémicos sus artículos? Porque, aunque nunca quitó responsabilidad a los crímenes cometidos por Eichmann, no lo describió como un antisemita sino como un burócrata que, primero, llevado por la obediencia a las órdenes de sus superiores y, después, por su creencia de que formaba parte de algo histórico, de algo grande, participó en el holocausto judío. Eichmann decía Arendt no es la representación del mal, no es el demonio que todos creemos que se oculta tras cualquier acto de maldad sino que fue un producto de su tiempo. El problema de Eichmann, según Arendt, es que se olvidó de la principal cualidad humana: la capacidad de pensar. Y cuando cualquier individuo deja de pensar sobre las consecuencias de sus actos puede convertirse en un asesino. A este fenómeno le puso el nombre de "la banalidad de mal" refiriéndose a que todos nosotros, ante las circunstancias oportunas, podemos ejercer un daño en el que nunca antes hubiéramos pensado. El psicólogo social, Philip Zimbardo, habla de algo parecido cuando escribe sobre el efecto Lucifer señalando que en determinadas situaciones podemos convertirnos en torturadores o en sumisos prisioneros. Y además, no sólo somos malos cuando hacemos algo dañino sino también cuando no actuamos dando a los demás la impresión de que lo que se están haciendo no está mal. En este sentido Hannah Arendt pone de manifiesto que el número de judíos muertos durante la guerra hubiera sido menor si algunos de los dirigentes de la asociaciones judías, para salvar su propia vida, no hubieran facilitado a los nazis las listas con los nombres de las congregaciones judías, lo que contribuyó a su deportación. La película, algo lenta al principio, expone de forma clara todas estas ideas recuperando imágenes reales del juicio de Eichmann. Memorable la escena final en la que Arendt defiende sus ideas ante un auditorio rebosante de estudiantes (que la amaban) y compañeros que querían que dejará sus funciones docentes. Perdió muchas cosas por reflexionar e investigar pero salió victoriosa y sus ideas hoy todavía son perfectamente válidas. 
Sobre todo esto he hablado con la estudiante que me ha preguntado por su existencia para que así pueda construir una primera actitud en torno a su figura porque es algo que yo hubiera agradecido en su momento. Y lo dicho, aunque no tenemos que saber de todo, es bueno conocer para poder participar de la vida social y discutir sobre algunos temas, en definitiva, seguir demostrando esa cualidad de la que hablaba Hannah Arendt y que nos hace humanos, la capacidad de pensar. 

27 de noviembre de 2013

Princesas del Barrio Disney


Mientras espero y desespero ante la página web de Sex Roles (una de las mejores revistas científicas sobre investigación de género en psicología), su respuesta sobre un artículo que envié allá por el 17 de Julio del presente año, he visto que uno de los artículos más leídos es la investigación de England, Descartes y Collier-Meek (investigadoras estadounidenses) sobre los roles de género trasmitidos por las princesas Disney, desde Blancanieves (1937) hasta Tiana y el Sapo (2009). Podríamos cuestionarnos la relevancia de analizar qué imagen(es) se transmiten a través de las princesas Disney. Sin embargo, si tenemos en cuenta que existen más de 25.000 productos relacionados con ellas y que sus ventas supusieron en 2008 (según datos en el mismo artículo) unos ingresos de 4$ billones para la industria fundada por Walt Disney, su análisis parece algo más que relevante, suponiendo además que algún tipo de influencia tendrán sobre el imaginario femenino de niños y niñas. Y es que Disney con su planificada estrategia comercial va rescatando sistemáticamente sus clásicas princesas que aparecen y desaparecen del mercado cada cierto tiempo amplificando así su influencia sobre generaciones pasadas y presentes. 
Y bien, ¿qué nos dice el estudio? Muchas de las conclusiones ya podéis imaginarlas pero es necesario que alguien lo estudie sistemáticamente para que podamos afirmar nuestras impresiones. Bien, a lo que vamos. Entre sus resultados encuentran que las películas producidas en los años 30 y 50 (Blancanieves, Cenicienta, La bella durmiente) eran más tradicionales que su propuestas algo más recientes (Bella y Bestia, La Sirenita, Mulan, Pocahontas, Aladdin o Tiana y el Sapo). Estas últimas princesas presentan más características consideradas tradicionalmente como masculinas, siendo más fuertes, asertivas, independientes y valientes. Es decir, Disney ha avanzado algo en la descripción de sus princesas aunque estas características siempre son ensombrecidas por el final de la película en la que siempre se representa una resolución tradicional cuando la princesa gana el amor del príncipe.

Niños y niñas terminan viendo que lo habitual es que príncipe y princesa se enamoren. A veces lo hacen rápidamente (Blancanieves, La Bella durmiente), otras contra multitud de dificultades (Bella y Bestia, Mulan, Tiana y el Sapo). Y de ambas formas (rápidamente y contra todas las dificultades) como en la Cenicienta, La Sirenita, Aladin y Pocahontas). Para muestra un botón. En Aladdin el romance se produce en tan sólo 2 días, y en Pocahontas solo transcurre un día (aún cuando los personajes no hablaban el mismo idioma). Bella se enamora de un ser que la victimizaba. Sólo en Mulan y en Tiana y el Sapo el romance se produce después de que interactuen más tiempo. Parece que en eso Disney ha cambiado algo. Sin embargo, todas las parejas son heterosexuales y ninguna queda soltera. Bueno, Pocahontas sí, pero porque él se marcha y ella decide quedarse con la familia a la que debe cuidar en lugar de lanzarse a la aventura con su amor. 
Conclusión: aunque algo ha cambiado la relación de Disney con el género, todavía sigue existiendo una idealización de la figura femenina en un sentido tradicional. Ahora bien, a pesar del cambio sólo tenemos que pasarnos por una tienda Disney para ver que el merchandising la mayoría de las veces se olvida de sus princesas más trasgresoras como Mulan o Pocahontas, siendo mucho más accesibles las figuras, objetos y vestidos de aquellas otras más tradicionales como Blancanieves, Cenicienta o La bella durmiente. 

Y ahora llega Angelina Jolie como Maléfica, que no es princesa pero nos dará ese otro contrapunto de la mujer como sibilina, sútil y mala, muy mala, lo cual también es otro estereotipo. 




Artículo referenciado: England, D.E., Descartes, L., & Collier-Meek, M.A. (2011). Gender role portrayal and the disney princesse. Sex Roles, 64, 555-567. 

25 de noviembre de 2013

Atando cabos

Una gran parte de los eventos en los que nos vemos involucrados no son predecibles y ello nos provoca un conflicto cognitivo interno que tratamos de resolver dando sentido a lo que nos ocurre. Se trata de una necesidad psicológica por la que tratamos de hallar la respuesta a una pregunta muy sencilla: ¿por qué? Para ello utilizamos el sentido común, lo que Heider (1958) definió como psicología ingenua de la acción. Se trata del proceso  por el que recogemos información y tratamos de inferir qué ha podido provocar un determinado evento. 
De este modo, si un día encontramos que nuestro mejor amigo está serio y se comporta de forma diferente con nosotros, trataremos de conocer qué ha podido ocurrir para que se comporte de esa manera. Podríamos preguntar directamente a nuestro amigo y obtener una respuesta pero si no nos ofrecen información clara o la razón dada no nos convence seguiremos indagando, insistiendo en lo que le ocurre guiados por la curiosidad, la  necesidad de claridad cognitiva o el miedo a la incertidumbre. Y para ello extraemos conclusiones a través de premisas previas: lo que conocemos de nuestro amigo, su conducta con otras personas y también su conducta hacia nosotros en distintas situaciones. Funcionamos, por tanto, como pequeños científicos que analizan la información social aunque guiados por el sentido común y no por el método experimental. 
¿Erramos? Por supuesto. El sentido común es lo que tiene, pero a no ser que otra persona o el propio actor (nuestro amigo) nos ofrezca una explicación más convincente, tenderemos a quedarnos con nuestra propia opinión ya que, aunque pueda ser ingenua, ha partido de una preocupación personal. El problema viene cuando tendemos a poner la responsabilidad de esta situación en un único actor y olvidamos que en las relaciones, sean del índole que sean, dos es el resultado de la suma de uno más uno.
Por último, aunque lo guardo para otro día, no podemos olvidar la responsabilidad del ambiente (y ahí entran los otros). Si nos olvidamos del contexto donde cualquier suceso tiene lugar, estaríamos cometiendo lo que se conoce como error fundamental. Y de hecho, erramos mucho a nivel fundamental. 

23 de noviembre de 2013

Cupido informático


Aunque el estado actual por el que atravieso no es el mejor momento para ser objetivo en torno la búsqueda y mantenimiento de las parejas, trataré de ser honesto. Han llamado mi atención los datos que en la revista Quo del mes de noviembre muestra a sus lectores sobre las webs para encontrar pareja. Su volumen de negocio alcanza los 40 millones de euros anuales en España y unos 1200 millones de euros en todo el mundo.
Tal cantidad, no me negaréis, convierte a este negocio en un interesante objeto de deseo. De hecho, en todas las webs de citas han reclutado a psicólogos y expertos en comunicación para elaborar los algoritmos a través de los que construyen las cibernéticas fechas de Cupido. El negocio los necesita. Según algunos de estos portales, el elixir del amor actual debe llevar a la satisfacción y la estabilidad. Sí, amigos y amigas, han descubierto la pólvora.
Deberíamos cuestionar que la satisfacción y la estabilidad vengan de la mano de una pareja. Algunos pensaréis que aquí viene el amargado a vendernos que la soledad es buena. No, la soledad no es nada buena (aunque hay momentos en que uno la necesite). Necesitamos del apoyo social de los otros pero este apoyo no tiene porque provenir de una pareja. No vivimos en una película de Disney.
¿Por qué? Aquí es donde quería llegar. Nos hemos olvidado de un elemento fundamental que para bien o para mal influye sobre el algoritmo del amor: la novedad. Somos hijos de nuestro tiempo y, desgraciadamente, se nos ha educado en la necesidad de contar con nuevos estímulos con los que saciar nuestros deseos. Igual que necesitamos comprar nueva ropa para sentirnos monos, también podemos sentir la necesidad de arroparnos por nuevos cuerpos y este hecho puede romper nuestra satisfacción y estabilidad (en algunos casos, también construirla como ahora veremos).
Me gustaría conocer las cifras de negocio de aplicaciones dirigidas al público homosexual como grindr, bender, growl, u4bear, etc. Ahí no se venden elixires de amor, en la mayoría de los casos se facilita la novedad, algo que me parece de lo más legítimo. Y cuidado no por ello creo que en el mundo gay no pueda haber parejas donde exista estabilidad y satisfacción. Todo dependerá del acuerdo(s) generado(s) como pareja, porque no olvidemos que las relaciones no dejan de ser una construcción social y somos nosotros quienes acordamos, para bien o para mal, a qué nos referimos con dicho concepto. No creo que tengamos que educarnos en el conformismo y abandonar el hedonismo. Lo que trato de decir es que no siempre podemos tenerlo todo y, a veces, es necesario elegir aunque podamos equivocarnos. También es cierto que cada estación tiene sus meses. En cualquier caso, yo seguiré dándome de hostias con Cupido siempre que se cruce en mi camino, online u offline.