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10 de enero de 2015

Sesiones de cineclub: Os fenómenos


Puede que haya quien piense que la película de Alfonso Zarauza es una mera copia de la realidad. Un corta y pega de frases que durante años hemos oído a nuestro alrededor: "invierte en un piso", "estar de alquiler es tirar el dinero". Sin embargo, más que un conjunto de pedazos de una realidad cercana, un testimonio claro de lo que pasó (de lo que todavía nos pasa), la película sirve como recordatorio de aquello que puede volver a repetirse. Un ejercicio necesario en nuestro cine y una pieza de ficción que puede servir de actividad pedagógica para hablar de aquella generación amamantada por el ladrillo. Por la película pasean obreros, constructores, banqueros y, también, aquellos cuya ilusión (fomentada desde el exterior) era tener una casa o piso propio, dentro de un juego pernicioso como lo fue la burbuja inmobiliaria que lo envolvió todo. Pero Os fenómenos nos habla de más cosas, entre otras, de las limitaciones autoimpustas y de nuestra falta de libertad a la hora de tomar decisiones (más aún cuando nos hemos dejado atrapar en el juego que antes he comentado), de los roles de género, de mujeres sin miedo o la mediocridad de algunos hombres. Y a través de una sobresaliente Lola Dueñas, nos habla de nuestra naturaleza, de esa tendencia muy nuestra a elegir lo que nos nos conviene, lo que nos hará daña a largo plazo, probablemente porque representa algún tipo de desafío, la ruptura de reglas, la novedad. Algo de ambos géneros. Pero no, no se trata de un ejemplo de alguien que escapó del yugo bancario en forma de hipoteca. La película nos habla de alguien que dejó escapar la posibilidad de ser feliz con algo cercano, sencillo, porque a veces lo complicado parece un bocado más apetitoso. Sin embargo, lo exótico (te lo digo al odio) encierra sus propios venenos. 

3 de mayo de 2014

Uso del color y estereotipos de género: ¿cómo colorean niños y niñas?


"El azul es para los chicos y el rosa para las chicas" así como "la muñecas son para las chicas y los camiones para los chicos" son estereotipos de género ampliamente conocidos y aceptados, por algunas personas, en las culturas occidentales. Estudios recientes sugieren que, desde muy temprano, niñas y niños se ven influenciados por estos estereotipos y, en base a ellos, muestran una preferencia por los colores que se asocian socialmente a su género, tomando decisiones considerando dichas creencias estereotípicas. Concretamente, los estudios han encontrado que las chicas escogen, en general, los colores rosa y morado de forma significativamente superior a los chicos. Las diferencias en estas preferencias podrían ser el resultado de aplicar las observaciones del comportamiento de los otros sobre uno mismo. Por ejemplo, las chicas pueden desarrollar una mayor preferencia por los colores rosas, morados o rojos al ver que otras chicas los llevan en su ropa o complementos, considerando así que son más prototípicos de su género. Los chicos, por su parte, al realizar estas mismas observaciones pueden llegar a la conclusión de que los rosas o morados no son apropiados para su género y evitar, por ello, vestirse de esos colores.

Con el objetivo de comprobar cómo el género y la información relacionado con él influyen sobre la elección del color, Karniol (2011) realizó un estudio en el que 98 niños y niñas israelíes de entre 4 y 8 años debían elegir un cuaderno de ilustraciones que contenía dos estereotipos de género contradictorios relativos al color y a la ilustración de su cubierta (como los que veis en la foto de este post). Una de las cubiertas era rosa (color estereotípico femenino) y tenía en su portada una figura masculina (ilustración de Batman); mientras que el otro cuaderno era azul (color estereotípico masculino) y tenía en su portada una figura femenina (ilustración de una muñeca Bratz). Después de elegir uno de los dos cuadernos, niños y niñas debían colorear, con colores estereotípicamente femeninos y masculinos, tres ilustraciones contenidas en él, con colores estereotípicamente masculinos (azul claro y oscuro, verde claro y oscuro) y colores estereotípicamente feemninos (rosa, rojo, morado y malva). Dos de las ilustraciones eran prototípicas de cada género (una figura femenina y otra masculina), mientras que la tercera ilustración era de naturaleza neutra (cinco estrellas). Su intención al incluir estas tres figuras era comprobar si la elección de colores a la hora de pintar las ilustraciones estaba influenciada tanto por el género de los escolares como por la naturaleza estereotipada o no de la ilustración. 

Los resultados de Karniol mostraron que, de forma mayoritaria, chicas y chicos elegían el cuaderno a partir de la ilustración de la cubierta y no relación con su color. Este resultado evidencia que cuando se presentan dos estereotipos de género contradictorios, la figura o el objeto adquiere mayor importancia que el color, a la hora de tomar decisiones. Para colorear las ilustraciones, tanto los chicos como las chicas, utilizaron mayor cantidad de colores para pintar la figura estereotípica de su propio género. Las mayores diferencias aparecieron en el uso de los colores estereotípicamente femeninos. Los chicos utilizaron estos colores con una frecuencia significativamente menor en comparación con las chicas, tanto en la figura femenina como en la neutra. Los resultados también mostraron que los chicos evitaban mayoritariamente el uso del rosa y, en muchos casos, no colorearon la figura femenina. Karniol (2011) explicó estos resultados en relación a la socialización de género, concluyendo que la elección de los colores con los que los chicos y las chicas pintaron las ilustraciones estaba influenciada por su identidad de género.

Bajo esta premisa, hace ya dos años decidí hacer una réplica de este estudio en nuestro país, aunque introduciendo algunas novedades como un mayor número de colores (añadimos el color naranja y amarillo) y presentamos nuevos dibujos a un mayor número de participantes (n=614). De forma global, nuestros resultados corroboran las conclusiones de Karniol (2011) sobre la influencia del género y la información estereotipada en las preferencias que los niños y las niñas tienen hacia unos colores u otros. Sin embargo, nuestro trabajo aporta nuevos datos sobre cómo opera la variable género en la selección de los colores y cómo dicha selección está influenciada por la naturaleza estereotipada de las ilustraciones en un contexto como el español. Entre los resultados, encontramos que los niños españoles no rechazaban tan abiertamente el color rosa para pintar los dibujos (al menos cuando lo utilizan para pintar partes del cuerpo) y que ambos adaptan el uso de colores a los dibujos presentados. Por ejemplo, si el dibujo representa una chica tanto niños como niñas utilizan más colores considerados femeninos para colorearla, mientras que si el dibujo es de un chico niños y niñas utilizan más colores estereotípicamente masculinos para pintarla. Ello evidencia que conocen los estereotipos y adaptan su conducta de colorear al tipo de dibujo que se presenta. Este estudio ha sido publicado recientemente en la revista americana Gender Issues y tenéis la referencia y el link a continuación por si queréis profundizar en su lectura.


Navarro, R., Martínez, V., Yubero, S. y Larrañaga, E (2014). Impact of Gender and the Stereotyped Nature of Illustrations on Choice of Color: Replica of the Study by Karniol (2011) in a Spanish Sample. Gender Issues, 31 (2), 142-162  

http://link.springer.com/article/10.1007/s12147-014-9122-1


3 de diciembre de 2013

Cruising in the park



Como ya sabéis el término inglés "cruising" hace referencia a la búsqueda de sexo en lugares públicos como parques, playas, bosques, etc. Normalmente esta práctica es atribuida a hombres que tienen sexo con otros hombres. En contexto anglosajón se agrupa a estos hombres dentro de la categoría "MSM" (Men who have sex with men). Pues bien, al utilizar esta categoría tan general corremos el riesgo de simplificar la diversidad de relaciones, identidades y comportamientos de los hombres que participan en el cruising. A esta conclusión llega Stefano Ramello en su estudio "Discovering multiple identities among Italian non-heterosexual men in a cruising context" publicado en la revista Psychological Studies.
Ramello entrevistó a 57 hombres que hacían cruising para tener sexo con otros hombres en un parque de una ciudad del Norte de Italia.  En sus entrevistas encontró que no todos los hombres se definían a uno mismo como "gay" u "homosexual" sino que la identidad sexual entre los "cruisers" podían organizarse en 6 tipologías 

Tipología I: Homosexual. Los hombres en esta categoría se diferencian de los heterosexuales en su actividad sexual pero no necesitan conectar emocionalmente con otros hombres. No muestra interés por el mundo gay ni desean relacionarse con personas con los mismos deseos sexuales ya que entienden su sexualidad como algo privado que no quieren discutir abiertamente. 

Tipología II: Gay. En este caso ocultar los deseos sexuales hacia otros hombres o es una opción y supone tener una vida social pública con otros gays e implicarse de alguna manera con la comunidad gay. Su sexualidad forma parte de su identidad social y no la esconden.

Tipología III: Queer. Se diferencian de los gays en que no sólo se unen a organizaciones que lucha por los derechos de los homosexuales sino que, desde ellas, tratan de reinventar y cambiar las instituciones y participan de actividades para visibilizar la estigmatización en ambiente no homosexuales. Su sexualidad no es sólo vista como una variación de la norma sino como una posibilidad de agitar las nociones de la normalidad. 

Tipología IV: Armarizados (Closeted). Hombres que tratan de eludir, evitar o que mienten sobre su sexualidad porque temen la desaprobación social, lo que también les lleva a mantener relaciones con mujeres para ofrecer una imagen de heterosexualidad. 

Tipología V: "Normal". Aquellos que no se identifican social, personal y políticamente como gays, homosexuales o queer, aunque tienen sexo con otros hombres de forma frecuente. Entienden la homosexualidad como algo negativo y evitan su etiqueta porque no desean ser considerados anormales. Disocian su conducta sexual de su identidad personal y no sienten culpa por su actividad, se conciben como cualquier otra persona pero no homosexuales. 

Tipología VI: Paralelo. Para estos hombres la vida es una combinación de diferentes conductas. Durante el día van al trabajo, pasan tiempo con sus amigos o están con la familia. Durante la noche se acercan a un lado oculto de sus vidas y buscan a otros hombres en parques, bares, etc. Consideran está última faceta de su vida como una realidad paralela, sólo sexo, que no puede ser mezclada con su vida cotidiana porque les hace sentir mal. 

El resultado de todo ello viene a decirnos que no existe una identidad sexual y social gay homogénea. Hay múltiples modos de ser homosexual. Cada persona define su propia identidad y gestiona su sexualidad de la forma en que crea menores problemas en su vida social y evita, en la medida de lo posible, la disonancia cognitiva que su conducta le puede ocasionar. Entendiendo por disonancia cognitiva el posible malestar derivado de las contradicciones entre lo que pensamos y mostramos públicamente con nuestro comportamiento real. Y esto lo hacemos todos, heterosexuales, homosexuales, bisexuales....no hay más que pasarse por la red. Al fin y al cabo, esas no son más que etiquetas sociales que cada uno adaptamos a nuestra vida sexual ya sea en parques, aviones o en nuestras casas. 

27 de noviembre de 2013

Princesas del Barrio Disney


Mientras espero y desespero ante la página web de Sex Roles (una de las mejores revistas científicas sobre investigación de género en psicología), su respuesta sobre un artículo que envié allá por el 17 de Julio del presente año, he visto que uno de los artículos más leídos es la investigación de England, Descartes y Collier-Meek (investigadoras estadounidenses) sobre los roles de género trasmitidos por las princesas Disney, desde Blancanieves (1937) hasta Tiana y el Sapo (2009). Podríamos cuestionarnos la relevancia de analizar qué imagen(es) se transmiten a través de las princesas Disney. Sin embargo, si tenemos en cuenta que existen más de 25.000 productos relacionados con ellas y que sus ventas supusieron en 2008 (según datos en el mismo artículo) unos ingresos de 4$ billones para la industria fundada por Walt Disney, su análisis parece algo más que relevante, suponiendo además que algún tipo de influencia tendrán sobre el imaginario femenino de niños y niñas. Y es que Disney con su planificada estrategia comercial va rescatando sistemáticamente sus clásicas princesas que aparecen y desaparecen del mercado cada cierto tiempo amplificando así su influencia sobre generaciones pasadas y presentes. 
Y bien, ¿qué nos dice el estudio? Muchas de las conclusiones ya podéis imaginarlas pero es necesario que alguien lo estudie sistemáticamente para que podamos afirmar nuestras impresiones. Bien, a lo que vamos. Entre sus resultados encuentran que las películas producidas en los años 30 y 50 (Blancanieves, Cenicienta, La bella durmiente) eran más tradicionales que su propuestas algo más recientes (Bella y Bestia, La Sirenita, Mulan, Pocahontas, Aladdin o Tiana y el Sapo). Estas últimas princesas presentan más características consideradas tradicionalmente como masculinas, siendo más fuertes, asertivas, independientes y valientes. Es decir, Disney ha avanzado algo en la descripción de sus princesas aunque estas características siempre son ensombrecidas por el final de la película en la que siempre se representa una resolución tradicional cuando la princesa gana el amor del príncipe.

Niños y niñas terminan viendo que lo habitual es que príncipe y princesa se enamoren. A veces lo hacen rápidamente (Blancanieves, La Bella durmiente), otras contra multitud de dificultades (Bella y Bestia, Mulan, Tiana y el Sapo). Y de ambas formas (rápidamente y contra todas las dificultades) como en la Cenicienta, La Sirenita, Aladin y Pocahontas). Para muestra un botón. En Aladdin el romance se produce en tan sólo 2 días, y en Pocahontas solo transcurre un día (aún cuando los personajes no hablaban el mismo idioma). Bella se enamora de un ser que la victimizaba. Sólo en Mulan y en Tiana y el Sapo el romance se produce después de que interactuen más tiempo. Parece que en eso Disney ha cambiado algo. Sin embargo, todas las parejas son heterosexuales y ninguna queda soltera. Bueno, Pocahontas sí, pero porque él se marcha y ella decide quedarse con la familia a la que debe cuidar en lugar de lanzarse a la aventura con su amor. 
Conclusión: aunque algo ha cambiado la relación de Disney con el género, todavía sigue existiendo una idealización de la figura femenina en un sentido tradicional. Ahora bien, a pesar del cambio sólo tenemos que pasarnos por una tienda Disney para ver que el merchandising la mayoría de las veces se olvida de sus princesas más trasgresoras como Mulan o Pocahontas, siendo mucho más accesibles las figuras, objetos y vestidos de aquellas otras más tradicionales como Blancanieves, Cenicienta o La bella durmiente. 

Y ahora llega Angelina Jolie como Maléfica, que no es princesa pero nos dará ese otro contrapunto de la mujer como sibilina, sútil y mala, muy mala, lo cual también es otro estereotipo. 




Artículo referenciado: England, D.E., Descartes, L., & Collier-Meek, M.A. (2011). Gender role portrayal and the disney princesse. Sex Roles, 64, 555-567.