Puede que haya quien piense que la película de Alfonso Zarauza es una mera copia de la realidad. Un corta y pega de frases que durante años hemos oído a nuestro alrededor: "invierte en un piso", "estar de alquiler es tirar el dinero". Sin embargo, más que un conjunto de pedazos de una realidad cercana, un testimonio claro de lo que pasó (de lo que todavía nos pasa), la película sirve como recordatorio de aquello que puede volver a repetirse. Un ejercicio necesario en nuestro cine y una pieza de ficción que puede servir de actividad pedagógica para hablar de aquella generación amamantada por el ladrillo. Por la película pasean obreros, constructores, banqueros y, también, aquellos cuya ilusión (fomentada desde el exterior) era tener una casa o piso propio, dentro de un juego pernicioso como lo fue la burbuja inmobiliaria que lo envolvió todo. Pero Os fenómenos nos habla de más cosas, entre otras, de las limitaciones autoimpustas y de nuestra falta de libertad a la hora de tomar decisiones (más aún cuando nos hemos dejado atrapar en el juego que antes he comentado), de los roles de género, de mujeres sin miedo o la mediocridad de algunos hombres. Y a través de una sobresaliente Lola Dueñas, nos habla de nuestra naturaleza, de esa tendencia muy nuestra a elegir lo que nos nos conviene, lo que nos hará daña a largo plazo, probablemente porque representa algún tipo de desafío, la ruptura de reglas, la novedad. Algo de ambos géneros. Pero no, no se trata de un ejemplo de alguien que escapó del yugo bancario en forma de hipoteca. La película nos habla de alguien que dejó escapar la posibilidad de ser feliz con algo cercano, sencillo, porque a veces lo complicado parece un bocado más apetitoso. Sin embargo, lo exótico (te lo digo al odio) encierra sus propios venenos.
10 de enero de 2015
7 de septiembre de 2014
La revolución sexual
El pasado mes de Agosto unos amigos me preguntaban si no existían investigaciones sobre nuestra conducta dentro de las apps de contactos. Yo aseguré que sí, aunque no había leído nada sobre ello. Imaginaba que, dado que existen estudios sobre los nicknames que utilizamos en las redes o el uso que damos a los emoticones, también alguien habría indagado sobre nuestra conducta social en las aplicaciones para ligar (lo que en inglés llaman las geosocial networking applications). En aquel momento no indagué sobre ello y el interrogante sobre ese tipo de estudios se perdió en la memoria.
La semana pasada recibí la visita de un estudiante italiano al que supervisaré un trabajo sobre homosexualidad y autolesiones. Me explicaba que la muestra será la misma que un estudio precedente en el que se contactó vía Internet con una población homosexual asegurando así un acceso más fácil a este colectivo. Aquello me hizo pensar en la conversación mantenida en Agosto y me lancé a buscar en el google académico. Si en su motor de búsqueda pones Grindr, una de las aplicaciones más utilizadas a nivel internacional, aparecen ya numerosos estudios. Lo curioso es que el Grindr no es todavía muy utilizado como un contexto para analizar distintos tipos de comportamiento si no como un método para conseguir muestra para estudios epidemiológicos o, muy interesante, cómo un mecanismo para la prevención.
Por ejemplo, Jonathon Rendina et al. (Patterns of Lifetime and Recent HIV Testing Among Men Who Have Sex with Men in New York City Who Use Grindr, AIDS and Behavior, 2014, 18 (1), 41-49) hicieron una encuesta de 1,351 HSH (Hombres que tienen sexo con otros hombres) en la cuidad de Nueva York reclutados por Grindr. En esta encuesta analizaron indicadores para poder entender lo que influye que alguien se haya hecho la prueba para el VIH en algún momento puntual de su vida y/o durante el año pasado. La investigación demostró que 1 de cada 10 hombres de Nueva York usan Grindr y 1 de cada 5 en edades comprendidas entre 18 y 24 años, nunca se habían hecho la prueba para el VIH en su vida. Concluyen que usando las infraestructuras existentes y la popularidad de las tecnologías móviles como Grindr para identificar a hombres y proporcionarles información sobre la prueba del VIH, puede servir para desarrollar una estrategia eficaz para la prevención del VIH.
Sin embargo, mi intención era encontrar un estudio que analizará la conducta social (motivaciones de quienes utilizan esas aplicaciones; identidad sexual de quienes las utilizan, expectativas de su uso, etc.). En ese sentido, el terreno parece estar todavía poco explorado. De hecho, me topé con una investigación (Grov, Brelow, Newcomb, Rosenberger, & Bauermeister (2014). Gay and bisexual men's use of the Internet: Research from the 1990s through 2013. Journal of sex research, 57(4), 390-409) que concluye que las investigaciones sobre este tipo de aplicaciones es muy escasa y apuntan que será un campo muy fértil en los próximos años para entender nuestra conducta sexual. En su estudio hacen un estupendo y concienzudo repaso sobre el uso que gays y bisexuales hacen de Internet con propósitos sexuales (búsqueda de información sobre salud sexual, citas, cibersexo, búsqueda de sexo, pornografía y prostitución). A tenor de ello, muchos coincidiremos en que la auténtica revolución sexual la ha provocado Internet y su creciente sofisticación. Imaginad a una persona homosexual en una pequeña población alejada de una gran ciudad donde las actitudes son todavía, digamos, conservadoras. Imaginad también que Internet ha llegado allí y todo lo que le ofrece. No sólo pornografía, también encontrar a gente que pasa por un proceso similar, alguien con quien hablar, compartir y por qué no experimentar. Internet ha facilitado eso y muchas más cosas, cada vez más rápido (no hablaremos aquí de lo malo) desde aquellos primeros modem con aquel horrible sonido de conexión hasta el móviles de última generación. No obstante, tal y como los autores de este artículo concluyen, la revolución ha sido tal que cuando desde la investigación entendamos como las personas utilizan este tipo de apps, es posible que una nueva tecnología haya reemplazado estas aplicaciones y tengamos que volver a empezar. Venga, a investigar.
2 de septiembre de 2014
De película: La vida inesperada
Leí por ahí que una día en que Javier Cámara y Elvira Lindo se encontraron en Nueva York, Javier le dijo a ella que tenían que rodar una película en la gran manzana. Ese fue el germen de "La vida Inesperada", escrita por Elvira Lindo y dirigida por Jorge Torregrosa con dos de nuestros actores patrios más conocidos, de un lado Javier Cámara y del otro Raúl Arévalo. La historia narra el encuentro de dos primos españoles en Manhattan. Juan (el personaje de Javier Cámara) lleva diez años viviendo en la ciudad, uniendo diversos trabajos (de dependiente a actor y camarero) para poder pagar el alquiler de su pequeño piso. Un día llega su primo desde Alicante. Aquel primo al que en realidad odiaba porque tenía lo que parecía una vida perfecta con un buen trabajo, una buena novia y todo "arregladito" de cara al futuro. Sin embargo, el encuentro muestra que ninguno de ellos tiene la vida que había deseado y ya en la madurez evalúan lo que han conseguido hasta el momento y la medida en que se han cumplido sus sueños.
En mi opinión, la vida inesperada no nos habla de la vida que te sorprende porque se han cumplido tus sueños y tus expectativas, sino de la vida que encuentras cuando haces una evaluación de lo que esperabas encontrar y lo que realmente tienes. Aunque, en mi humilde opinión, la película sería mejorable (desde el reparto hasta el odioso doblaje), creo que la historia trata una aspecto muchas veces no explorado en el cine sobre aquellos que emigran de "forma cómoda" guiados por un ideal o el sueño de que la vida en lugares más glamurosos que el de partida será siempre mejor. Y, por supuesto, no es siempre mejor. Los protagonistas querían vivir una especia de sueño americano en esa ciudad que parece colmar las expectativas de todo visitante y, sin embargo, se dan cuenta de que viven agobiados corriendo de un trabajo a otro, viviendo siempre al límite en cuanto a dinero se refiere sin poder disfrutar de aquello que para los turistas temporales si que ofrece la ciudad.
Elvira Lindo construye, por tanto, una historia muy interesante sobre cómo a veces creemos que la felicidad nos vendrá dada desde el exterior (al menos es mi lectura), de cómo creemos que el contexto es tan poderoso como para otorgarnos ciertas recompensas que hemos olvidado que debemos obtener por nosotros mismos. La creencia de que el simple hecho de estar en un sitio más grande nos hará más felices. Si bien es cierto que las posibilidades de una gran ciudad respecto a otra pequeña son muy distintas, a veces nos olvidamos de que el verdadero secreto de la felicidad se encuentra en lo que cada uno hacemos de nuestra vida y que uno no tiene que triunfar para ser feliz porque a lo mejor en ese proceso estamos olvidando cosas que harían de nuestra vida algo realmente valioso pero que consideramos menos exitosas. No quiero decir con ello que uno deba quedarse en su zona de confort sino que entendamos que el lugar (ciudad, etc.) no da sentido a nuestra vida, el sentido debemos dárselo nosotros y de eso nos habla La vida inesperada.
31 de agosto de 2014
!Feliz año nuevo¡
Aquellos cuyo trabajo está ligado al desarrollo del curso académico tendrán la misma sensación que yo: el año termina en Agosto y comienza en Septiembre. Mañana comienza un nuevo año para mí y al igual que cuando era niño ya han aparecido los nervios por el final de las vacaciones y la llegada del primer día de clase. Si comienza un año nuevo toca hacer algo de balance. Balance del verano en que Radiografías ha estado algo más abandonada que de costumbre. Supongo que esto también es una buena señal porque otros estímulos han ocupado mi mente y mi tiempo. No obstante, este pequeño blog siempre ha sido un ejercicio egoísta donde guardar recuerdos a los que, cuando quiera saborear, siempre podré volver. Y este pequeño post no tiene otra finalidad que la de recordar un mes de Agosto lleno de momentos placenteros para mi memoria. Durante este largo mes he podido seguir leyendo (4 novelas y un libro de no ficción han ocupado mi tiempo), he dejado la mente en blanco (porque no hacer absolutamente nada también es necesario), he jugado, me he reído y también llorado. Ha habido trabajo (porque en vacaciones también se pueden hacer tareas que a uno le gustan) y el libro del que os hablé hace tiempo ya va tomando forma. Me ha dado tiempo a escribir un artículo que espero que vea la luz en unos meses. He seguido haciendo deporte. He viajado. He seguido disfrutando del café y conversaciones en torno a él. He conocido nueva gente y, aunque no me he enamorado, algún chispazo que otro ha saltado, aunque la conexión París-Cuenca es todavía, digamos, complicada. He vuelto a hablar en inglés y he comprobado que no estoy tan oxidado. Terminé de ver Los Sopranos (ese gran retrato de la sociedad occidental) y retomé Fringe (vaya final de serie que me esperaba). Y también he estado en el Parque de Atracciones y comido entre avispas "asesinas". La verdad es que, releído el mes, no he hecho nada que no haga otros meses. Supongo que el verano no tiene por qué ser diferente si durante el resto del año también haces cosas que te permiten disfrutar de la vida. Y supongo que, a mi manera, la he disfrutado. Seguimos.
31 de julio de 2014
22 de julio de 2014
Hermes
Se despertó sudoroso con aquella imagen todavía viva en su cerebro. Había soñado que besaba a un chico en las duchas del gimnasio. Confundido por aquel sueño se abrazó a su novia que parecía dormir plácidamente. Intentó dormirse de nuevo pero ya no era capaz. Aquel abrazo bajo el agua parecía no querer abandonar su mente. Decidió levantarse a pesar de que eran las 4 de la madrugada de aquel lunes de invierno. Se preparó un café y se sentó junto a la mesa de la cocina para encender un cigarro que saco del paquete de su chica. Lo había dejado hace tiempo pero ahora volvía a necesitarlo. El chico del sueño era alguien a quien a veces había visto en su gimnasio. No entendía por qué se presentaba en sus sueños y más de aquella forma. El nunca había tenido dudas sobre su sexualidad. Estaba contento con su relación y, aunque de vez en cuando echaba una canita al aire, jamás se planteó liarse con un tío. Ha sido un estúpido sueño, dijo para sí mismo.
Durante el resto del día se olvidó del sueño. Sin embargo, cuando llegó la hora de ir al gimnasio empezó a sentir cierto nerviosismo ante la posibilidad de que aquel chico estuviera allí. Cuando atravesaba la sala de musculación lo vio tumbado en uno de los bancos. Aquella tarde, no dejó de observarlo con cierta curiosidad. El martes, al ver que el chico de su sueño hacía cardio en una bicicleta, tuvo el impulso de sentarse en la bicicleta que había junto a él. El miércoles hizo abdominales a su lado. El jueves le dijo hola cuando llegó al gimnasio y se duchó frente a él mirándolo descaradamente. El viernes lo esperó a la salida y le preguntó si podía acompañarlo hasta el coche. El chico era simpático y parecía contento de charlar con él. Llegando al coche le preguntó si le apetecía ir a algún otro sitio más tranquilo donde nadie pudiera verlos. No hubo ninguna resistencia, accedió encantado a su petición. Aparcó el coche en una especie de polígono donde no parecía haber nadie. Ahora el chico parecía nervioso aunque tomo la iniciativa e intentó besarlo. Lo aparto y allí, en la intimidad del coche, lo mató a golpes. Pensó, equivocadamente, que eliminando el estímulo, desaparecería el deseo.
18 de julio de 2014
Un mes, un libro: El niño perfecto
Sd-edicions publicó en 2012 el álbum ilustrado "El niño perfecto". Una historia de Alex González y Bernat Cormand que ayer me regaló mi amiga Ana B. Delgado. En 10 páginas el libro narra un día cualquier en la vida de Daniel, aplicado, tranquilo, obediente, sensible y que, para todos, era el niño perfecto. Pero Daniel oculta un secreto que hay que descubrir al final del álbum. Un álbum valiente, sorprendente y también, por qué no, muy realista. Muy poco más se puede decir de esta pequeña historia tan fascinante sobre nuestro yo social y nuestro yo personal y cómo en ocasiones este último es reprimido en favor del primero. Tengo curiosidad por ver cómo los niños reciben la historia de Daniel por lo que haré un pequeño experimento con mis sobrinos que, seguro, verán a Daniel de una forma más natural que algunos de los adultos. Este verano ya no tenéis excusas para comprar buenas historias y leer. El álbum se lee en un suspiro y os dejará un buen sabor de mente.
16 de julio de 2014
La felicidad está ahí, no la busques.
La mayoría de nosotros, en lugar de preocuparnos por el aquí y el ahora, pasamos el tiempo agobiados por cómo será el futuro o sintiendo nostalgia del pasado. Heredamos de nuestra educación la creencia de que el sufrimiento de hoy traerá recompensas mañana o que el tiempo pasado siempre fue mejor. Cuando llega el lunes estamos pendientes del fin de semana que está por llegar, cuando viajamos estamos pensando en el próximo viaje. Vivimos arraigados a la idea de una felicidad que siempre está por venir y perdemos conciencia de que es más que probable que estemos dejando pasar la felicidad que ya está a nuestro alcance. Perdemos tanto tiempo planificando nuestro futuro que nos hemos olvidado del presente. Un presente que te regala finales inesperados con un toque peppermint en compañía de los mejores amigos, los mensajes de una amiga que desde la bella Oporto se acuerda de ti, las llamadas de tus hermanas contándote cosas que hacen tus sobrinos, las largas charlas en el gimnasio con otra amiga entre serie y serie, o las fotos que comparten buenas amigas que se recuperan de malos momentos y que lanzan una sonrisa en Facebook, o una conversación que podría prolongarse hasta el amanecer y que te descubre que todas estas cosas que rodean al hoy, y no al mañana, representa la felicidad, no futura, si no aquella que ya ha llegado. A vivir amigas/os.
6 de julio de 2014
Facebook y el error de predicción afectiva
Está claro que las redes sociales llegaron para quedarse en nuestras vidas. Y éstas, nuestras vidas, lógicamente se ven influenciadas por su uso. Las utilizamos para conocer gente, para informarnos sobre la realidad, o para conocer opiniones sobre diversos productos sobre los que posteriormente adoptaremos una serie de decisiones. Esta claro, por tanto, que influyen sobre nuestra conducta pero también sobre nuestro estado de ánimo, porque promueven emociones positivas y, también, negativas. Su influencia ha hecho que durante los últimos años la investigación sobre cómo las redes sociales nos influyen/afectan hayan crecido considerablemente dando lugar a nuevas revistas científicas dedicadas a recoger información sobre el papel de Internet en nuestras conductas en contextos online y offline. Computers in human behavior o Cyberpsyhcology, behavior and social networking, son ejemplos de estas revistas.
La pasada semana algunos de nuestro telediarios se hacían eco de un estudio en el que se demostraba que la vida que mostramos en Facebook o Instagram no es tan feliz como aparentamos pero si que tiene efectos sobre quien la observa ya que pueden sentir alegría por nuestros "estados" pero a la vez sentir que su vida no es tan plena, divertida o rica como la que aquellos a quienes siguen en la red. No he podido conseguir dicha investigación porque algunos de nuestros medios de comunicación no acostumbrar a citar la fuente exacta, aunque entiendo que se referían al siguiente estudio de la Universidad de Stanford (http://goo.gl/ZDWaUk) y que tenéis descrito en otros blogs (http://goo.gl/vmjNNH).
En mi caso os voy a hablar del estudio de Sagioglou y Greitemeyer (2014) sobre las consecuencias emocionales del uso de Facebook. Estos investigadores austriacos analizan el hecho de que aunque Facebook nos permite cubrir ciertas necesidades básicas como la necesidad de conectar socialmente, y alivia estados como el aburrimiento y la soledad, también produce una disminución de nuestra felicidad. En su estudio quieren constatar si esta disminución del estado de ánimo es real y si es así, por qué seguimos usándolo. Para dar respuesta a estas cuestiones realizaron 3 estudios con múltiples usuarios de Facebook. En el primer estudio examinaron la relación entre el tiempo invertido en Facebook y el estado emocional. Encontraron que cuánto más tiempo se pasaba en Facebook peor era el estado de ánimo de quienes lo utilizaban. En el segundo estudio, quería saber si el uso de Facebook era lo que empeoraba el estado de ánimo o si era un mal estado de ánimo previo el que exacerbaba el uso de Facebook. Encontraron que era el uso de Facebook el que alteraba nuestra estado de ánimo, haciéndolo disminuir. Algo sorprendente si consideramos la popularidad de esta red social. Entonces, ¿por qué seguimos utilizándolo?
Los autores del estudio hipotetizaron que es posible que cometamos lo que se conoce como "error de predicción afectiva" (affective forecasting error). Este error consiste en que anticipamos (predecimos) que una determinada actividad nos reportará buenos beneficios, por ejemplo, haciéndonos sentir mejor. Esta anticipación hace que nos comprometamos y la llevemos a cabo (a veces con gran intensidad dados los resultados esperados). Un ejemplo podemos encontrarlo en las conductas de venganza. La gente con deseos de venganza no analiza que después de hacerlo se sentirá peor. Todo lo contrario, creo que se sentirá mejor y por eso lo hace. En el caso del uso de Facebook, el tercer estudio encontró esta misma relación. Aunque es posible que sepamos (por otras ocasiones) que su uso no mejorará nuestro estado de ánimo, seguimos anticipando que sí lo hará y lo usamos buscando este resultado. Después nos damos cuenta de que no es así e incluso valoramos esta actividad como poco significativa lo cuál hace que nos sintamos peor tras malgastar nuestro tiempo en la red.
El estudio concluye que a pesar de que muchos de los usuarios de Facebook consideran su actividad en la red como poco valiosa para su vida, algo que incluso hace disminuir su estado de ánimo, siguen utilizándolo porque esperan que les haga sentir bien. Yo me pregunto, ¿debemos hacérnoslo mirar?
Referencia: Sagioglou, C., & Greitemeyer, T. (2014). Facebook’s emotional consequences: Why Facebook causes a decrease in mood and why people still use it.Computers in Human Behavior, 35, 359-363.
29 de junio de 2014
This is life
Nunca me gustó estudiar. De hecho, no fui buen estudiante (en términos de buenas notas) hasta que llegué a la universidad. Creo que por este motivo no guardo muchos recuerdos de mis años escolares y a veces confundo los recuerdos de EGB con los del instituto y viceversa. Por este motivo, siempre llaman mi atención los recuerdos tan vividos que algunas personas tienen sobre estas etapas. Algo que me alegra. Sin embargo, yo no recuerdo la mayoría de los nombres de quienes fueron mis maestros, tampoco de mis profesores. No es que aquello fuera un infierno, ni que haga negación de toda esa etapa de mi vida, simplemente se fue, no ocupa mucho lugar en mi memoria.
No obstante recuerdo con cierta nitidez aquel convulso primero de bachillerato. Convulso porque yo estaba en plena adolescencia a mis 14 años. No fui rebelde, tampoco demasiado problemático. Simplemente era un chico normalito de pueblo, que todavía quería jugar con sus juguetes pero ya parecía que no podía, tímido, reservado. Vamos, uno más entre tantos. El problema fue que mis notas comenzaron a bajar sin razón aparente. Me encontraba demostivado o quizás era mi forma de mostrar cierta rebeldía. La verdad es que no lo sé. Y en ese momento vital de caída hacia algún lugar, ahora desconocido, recibí la ayuda de mi tutora. Una profesora de matemáticas joven, moderna, que se mostraba cercana aunque sin dejar que esa cercanía se confundiera con una amistad mal traída. Sin buscarlo se convirtió en alguien central para mi durante aquel año preocupándose por mi rendimiento, reuniendo a mis padres y haciéndome creer que podía hacerlo mejor. Ella tan sólo se ocupó de dar un pequeño toque de atención a mi entorno y a mi mismo, y con esa actuación tan sencilla consiguió que despertara. No se creó ningún tipo de vinculo especial, la relación profesor/alumno fue perdiéndose en el tiempo a medida que iba pasando los cursos, no tuvimos más trato después de aquello y sin embargo, tanto su nombre como ella han permanecido en mi recuerdo. Años después me ayudó a conseguir muestra para la que sería mi tesis doctoral pero el contacto volvió a perderse.
Hace un par de semanas me acerqué al IVO para ver a mi madre en la que sería su última sesión de radioterapia. Resulta que aquella profesora de matemáticas, la que fue mi tutora pasaba a consulta en el mismo momento en que yo llegaba al centro. No la reconocí pero oí su nombre y vi como se dirigía a la sala de radio. Me quedé con las ganas de hablarle, de preguntarle cómo estaba. Otra oportunidad perdida, me dije. Sin embargo, paseando por el pueblo en compañía de mis hermanas y mis sobrinas, la encontré y nos pusimos a hablar como si no hubiera pasado tiempo desde la última vez que nos vimos. ¿Cómo lo llevas?- le pregunté. Con rabia, grandes dosis de resignación y con la necesidad de sacar fuerzas de donde sea - me contestó. Me hubiera gustado decirle más cosas, animarla, reconfortarla y, sin embargo, fue ella quien me animó y me reconfortó haciéndome ver una fortaleza que, aunque parezca tópica, está ahí. Tuvo tiempo para preguntarme cómo estaba yo, me dijo que me veía muy bien. Sí - le contesté. Ahora estoy bien. Tranquilo. Feliz después una época de nuevo convulsa en cuanto a emociones, sentimientos, y pensamientos que uno aprende a relativizar porque toma conciencia de lo absurdo de alguno estados. Vuelvo a disfrutar de las pequeñas cosas que me hacen feliz: un libro, una charla, una café, mi familia, mis amigos.
Ella incluso se ofreció a quedar con mi madre, a hablar con ella. Algo que le agradezco enormemente aunque no vaya a pasar. Qué rabia da perderse a esa gente que te ayuda a mirar tu realidad con otros ojos. Qué rabia no poder pasar más tiempo con ellas para valorar lo importante, restar importancia a lo superfluo. Mañana seguiré con mis pequeños problemas, mis estúpidas atribuciones y los pequeños escollos de una vida fácil pero, afortunadamente, cuando mire a mi alrededor seguiré viendo lecciones de vida que trascienden a todo aquello que una vez dejé que sepultara lo importante. Y todo esto, lo bueno, lo malo, lo regular, es la vida.
Photo: this is life by tekhniklr
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