9 de diciembre de 2008

El Reino de Oz


La lluvia, como un conjunto de delicados hilos de seda, acariciaba nuestras caras y, poco a poco, impregnaba nuestras ropas. Íbamos charlando, dando un paseo por unas calles que aunque son ajenas, conocemos bien. En ellas hemos bailado, hemos bebido y comido, hemos cruzado miradas con atractivos extraños que llamaron nuestra atención.

¡Hola! (pausa) ¡qué guapo eres!

Hablábamos de todo y de nada. De nuestros días por Madrid, de las sensaciones que nos vinculan a esa ciudad, de la necesidad de encontrar un lugar en el que encajar, en el que crear un sentimiento de pertenencia, en la que perdernos y no sentirnos perdidos.

¡Hola! (pausa) ¡qué guapo eres!

Hemos intentado recrear esos sentimientos aquí, en la ciudad construida sobre la piedra, pero siempre hemos fallado en nuestro intento. Quizás el problema surge de la comparación, de la atención prestada a las diferencias presentes en los estímulos proporcionados por una y otra ciudad. Quizás Madrid es el reino de Oz, aquél lugar en el que crees que todos tus sueños se harán realidad y cuando definitivamente llegas a él te das cuenta de que el cumplimiento de tus deseos pasa irremediablemente primero por tu forma de proceder. Sin embargo, no hay duda de que las posibilidades de uno y otro lugar son diferentes.

¡Hola! (pausa) ¡qué guapo eres!

Recorríamos el camino de baldosas amarillas, el mismo que tendríamos que emprender de vuelta a la realidad horas más tardes, cuando el mago apareció. Aunque han transcurrido tan sólo unas horas, ya no recuerdo su rostro. No recuerdo su cuerpo, ni la ropa que vestía, aunque todo eso no era importante. Recuerdo sus ojos y como me miró mientras decía: ¡Hola! (pausa) ¡qué guapo eres! He tratado de componer un retrato mental sobre él, guardarlo en mi memoria y colocarlo en mi estantería personal sobre Madrid, pero no lo he logrado, al menos, no como me gustaría. No le dije nada, no supe. ¿Perdí otra oportunidad? Probablemente, aunque esta vez no lo siento así. Siento que las baldosas amarillas se van estrechando y que Oz está más cerca que nunca. Y para recodármelo, suspendidas en el aire, siguen sus palabras: ¡Hola! (pausa) ¡qué guapo eres!

10 comentarios:

Anónimo dijo...

tanquilo es una imagen que puedes olvidar. Lo más probable es que no te entrase a ti en particular sino a tu culo en general

Raúl dijo...

ay picaruelo!. Siempre con lo mismo y con tus errores gramaticales. Vamos, se te ve venir, con o sin baldosas amarillas. Fíjate que le has quitado todo el encanto a lo que viví el domingo. Pero no te preocupes, que cada vez le voy dando menos importancia a tu ironía.

Cristina dijo...

Este comentario anónimo debe corresponder al mismo tipo de las bolas chinas y del cok ring de antes, también al mismo desagradable que me encuentro en otros lares de vez en cuando... Ay hijo, qué mal gustito tienes! No te empeñes, no quedas bien, no tienes gracia y desentonas con el ambiente, utilizando una metáfora que ya he empleado alguna vez: transmites esa sensación que produce una cagadita de pájaro en el ojo en medio de un bello día primaveral y, evidentemente, el bello día primaveral es RAÚL.

Bueno y cambiando al tema del nuevo post, me encanta el paralelismo entre ese lugar en el que encajar y el camino de baldosas amarillas, pero sobre todo estoy de acuerdo contigo en que a veces uno busca demasiado afanado fuera, lo que sólo puede encontrar dentro, no son los lugares, somos nosotros los que encendemos o apagamos la luz. Aunque es verdad que el entorno puede contribuir a que seamos más felices, nuestro interior lo transportaremos allá donde vayamos, revisémoslo pues en profundidad antes de salir corriendo a otro sitio, que no digo que en la ciudad de la piedra no den ganas a menudo.

En fin, que nos veo algún día recorriendo las baldosas amarillas a la búsqueda de nuestra particular tierra de Oz, pero esta no será decepcionante, ni tendrá falsos magos, porque será ya habremos descubierto nuestra verdad y dónde quiere ir nuestro corazón. Voy a ir pensándome quién será Dorothy, Totó, el espantapájaros, el hombre de hojalata, el león cobarde, las diversas brujas, buenas y malas, y, por supuesto, el mago, impostor ilusionista, bueno éste será fácil, tenemos unos cuantos para el papel, eh?.

Hale, pues a preparar nuestro viaje…!

P.D: no me extraña nada lo de “¡Hola, qué guapo eres!”, y si no recuerdas su imagen, conserva la emoción que te produjo, es lo verdaderamente importante…

Unos besetes.

Raúl dijo...

Lo cierto es que la emoción fue muy positiva. Me alegró el día y toda la semana. Tus comentarios son certeros, y ya para que vamos a comentar más cosas, lo has expuesto todo pero que muy bien.

Besos.

La Petra de Cuenca dijo...

Estoy totalmente de acuerdo con el chulazo ¡qué guapo eres!.Ahora nunca me podrás decir lo contrario.

Normal que no recuerdes su rostro,pero lo importante es lo que te dijo y como lo hizo.Con eso es con lo que te tienes que quedar y no con las tonterías que dicen ciertos ánomimos.

Que pena que ciertas personas no sepan cerrar página y continuar hacia adelante.Que mala es la envidia.Es lo que tiene cuando uno ve que está estancado y los demás continuan viviendo cosas tan bonitas como lo que te sucedio a ti el domingo.

Mucho besos.

Muchos besos.

picaro dijo...

Queridos todos:
Ni tengo tiempo ni soy tan ingenioso como R. cree. procuro firmar mis comentarios. Cristina solo me he dirijido a ti indirectamente !!! (y es algo que me parece desleal) no tengo ni interes ni deseos en dejarte nada y tranquila cuando deje una cagada sera de buey

ali dijo...

Me ha alegrado mucho saber que el domingo viviste un momento feliz, lo unico que me ha dado un poco de envidia (aunque sabes que es sana) de comprobar que todo el mundo sabia de tu bienestar y yo por la lejania no conozco casi nunca si estas bien o si estas mal...pero ya sabes que me alegro mogollon y que espero que ya te vayas convenciendo de que eres un chico guapo, atractivo y sobre todo el mejor en todo y para todo...le joda a quien le joda. Muchos besos Ra y espero que nos veamos prontito. Cuidate mucho "chico guapo"

Anónimo dijo...

Pero escribiendo asi de bien, con ese cuerpo, esa cara y ese saber estar..., es que lo haces todo bien. Quien tenga algún problema lo mandas a mi despacho....

aNA

Raúl dijo...

Qué bien encontrarte por aquí Ana. Ya tenía ganas de leerte. Bueno, sabes que te echaré de menos, pero estoy cada vez más convencido de que serás mucho más feliz fuera de aquí, fuera del despacho.
Besos

Cristina dijo...

Bueno, bueno…, por alusiones y por desconcierto, creo que me toca hablar y esta vez es a ti directamente, Pícaro. Vamos a ver, ¿nos conocemos tú y yo de algo?, ¿en algún momento te he nombrado? Disculpa mi torpeza, pero, por más que repaso las palabras de mi anterior comentario, no encuentro ninguna que haga referencia a ti (puedes comprobarlo por ti mismo) entre otras cosas porque no te conozco (discúlpame otra vez). No obstante, si tú mismo te atribuyes tal acusación, quizá sea por algo, ¿tal vez encuentras algún punto de identificación con la descripción que se formula sobre el supuesto anónimo, pese a NO SER TÚ?
Sólo tú sabrás a qué viene tu impetuosa salida al ruedo con esas justificaciones y defensas, porque yo no entiendo que alguien se sienta gratuitamente afectado por un comentario que jamás nombró a nadie explícita ni concretamente, me recuerda a esa estrategia tan primaria de obtener una verdad a partir de una mentira.
En fin, lo que está claro es que tú mismo evidencias que este espacio y quienes aquí nos movemos no te dejan tan indiferente como intentas transmitir.
En todo caso, si me permites un consejo: no malgastes tiempo y energía en lanzar tu ira contra quién conjeturas que te intenta agredir, inviértelos mejor en buscar dentro de ti la causa de tu reacción, es decir ¿por qué te sientes agredido, Pícaro? Tu respuesta: para ti.
Un saludo.