6 de octubre de 2008

Diario de un falso competidor

No soy competidor, pero si que busco mi felicidad a través de lo que hago. Cantan Soledad Giménez y Ana Belén que la felicidad son momentos de descuido, tres segundos conquistados al olvido [La Felicidad-Soledad Giménez, 2008]. Pues bien, el último sábado del pasado verano alcancé uno de esos momentos de descuido.
Aquel día me encontraba en Oliva (Valencia) con unos buenos amigos. Habíamos asistido al concierto que Madonna ofreció en Cheste y estos amigos nos ofrecieron su casa para pasar, junto a ellos, el fin de semana. El sábado por la tarde nos acercamos a la playa. La temperatura era estupenda y el mar nos ofrecía la oportunidad de darnos un último baño, arropados por una arena casi desierta. Por un instante, el chico que aparecía en el relato de Bones emergió de las profundidades de mi inconsciente y me pedía que no me metiera en el agua, que no despegará de mi escuálido cuerpo la camiseta que lo arropaba. Llevado, de nuevo, por los fantasmas me acurruqué en mi silla y me sumergí en la lectura del último Stephen King que había comprado. Sin embargo, un buen amigo (aquél que me recomendo Sputnik, mi amor) requería a un compañero para jugar a las palas. Durante toda mi vida había observado a muchas personas jugar con ellas sobre la arena, pero nunca antes, en mis 29 años, lo había intentado (como nunca antes había jugado a la Wii). Siempre he huido de los deportes en pareja o en equipo por que me auto-construí como el elemento débil que arruinaba las posibilidades de victoria.
Al final me decidí y cogí una de las dos palas. Me abandoné al juego y participé del baile de la pelota como si mi vida fuera en ello. En pocas ocasiones me ocurre esto y supongo que mi transformación es tal que la atribuciones de los otros deben dispararse. El caso es que disfrute como pocas veces, pero no del sentido del juego, sino de la interacción que el juego suponía con mi amigo. No son muchas las oportunidades que uno tiene para interaccionar con sus otros significativos, y ahí estaba esa posibilidad. Quizás mi actividad, mi actitud sea tan excesiva que pueda ser malinterpretada. ¿Es mi conducta una consecuencia de una personalidad competitiva? A veces pienso que la gente (especialmente mi plateado amigo, no el “paleador”) interpreta mi conducta en ese sentido, quizás porque nunca expreso mis verdaderos afectos y necesidades. Desde aquí, al otro “paleador”, gracias. Nunca llegaréis a imaginar lo que ese momento llegó a significar para mí, como también lo ha significado el paintball: la inesperada sensación de no sentirse solo.
Un falso profeta me dijo una vez que cuando uno participa de algo lo hace para ganar y que otras opciones no tienen sentido. Nunca he compartido esta opinión y tampoco creo que el arrojo que pongo en lo que hago sea producto de la competición, de ser así hace tiempo que mi vida se hubiera dirigido hacia otros caminos. Sin embargo, si que pienso que en la vida también hay que aprender a ganar y creo que a mí también me toca ganar, pero no en un estúpido juego, sino en ámbitos que otros ya tienen cubiertos y que yo, a pesar de mi “corrección”, también necesito.

7 comentarios:

Cristina dijo...

Guau...!!! esos dos pares de piernas, esos dos chicos em-pelotados, esas dos almas lindas tan fáciles de querer…!!!
Competición, comparación, rivalidad, medición de fuerzas, ganar, perder, disputar, oponer, antagonizar, desafiar, enfrentar… Cuántas enseñanzas de falsos profetas, cuánto daño han llegado a hacer en almas sensibles. Ésa no es la cuestión, y como tú propones el problema y la solución, no requiere mucho más comentario. El interaccionar, el compartir, el sentir, el vibrar, el disfrutar, el reír, el abrigar, el querer, el rozar, el acompañar, el conectar…, esto es lo único que vale, lo que nos aporta el referente de lo que somos y de lo que queremos ser, el reflejo en espejo que nos devuelve nuestra auténtica imagen. Me encanta la mía cuando me miro en ti y yo no puedo devolverte otro reflejo que no sea el más precioso de todos. Por mucho que intentes esconderte entre correcciones o déficits de expresión, quien no vea tu brillo es que está ciego.
Yo puedo presumir de haber interaccionado contigo en senderismos, wiis, paintball y algún que otro juego y puedo asegurar que eres un gran triunfador, no sólo por poner en alto el scoreboard, sino porque puntúas al máximo en risas, calor, ternura, generosidad, amistad, complicidad, lealtad, nobleza y en tantas virtudes que habría que inventar un nuevo juego sólo para ti.
Un beso interactivo para ti y para todos los que compartimos en nuestros juegos falsamente competitivos.
(Cuídate ese tobillito)

La Petra de Cuenca dijo...

Pensaba que lo divertido de hacer algo diferente,era meterte en el papel y disfrutar al máximo del momento.

Sin que por ello tengas que ser cuestionado por nadie.Más teniendo en cuenta que tú nunca juzgas lo que los demás hacen.

Aun así no veo nada malo en querer ganar.Creo que todos necesitamos crecer y llegar cada vez más lejos,en todo lo que hacemos y deseamos tener.

Besos.

picaro dijo...

¡Yo no soy competitivo!, pero soy competidor. No conozco a nadie que disfrute compitiendo a no ser que tenga posibilidades de ganar algo, pero llegan a confesar en esos momentos de relajo en los que aún siendo consciente poco te importa lo que dices, que disfrutan muy poco haciéndolo. Competir solo es saludable cuando sabes que tienes la victoria asegurada, pero todos tenemos un grado de conciencia y un puntillo de moral que nos hará cuanto menos temer las vergüenza o el castigo de ser descubiertos en una trampa.
San Agustín se hartó de decir que el ser humano tiene derecho a la felicidad y la obligación de pelear por ella. Estoy en comunión con el y por ello no creo que aparezca en un descuido, generalmente luchamos muy tenazmente, si nos puede sorprender llegando en momentos intempestivos, pero tampoco creo que a deshora; cuando lo hace generalmente, no estamos correctamente vestidos, pero quien conoce la etiqueta para estos casos.
Si no eres capaz de expresar tus afectos y necesidades, sin desearlo adquieres una actitud de defensa, estas protegiendo, el que crees, tu flanco débil, y muestras el frente con el que parar golpes o golpear almenas. Esa actitud forma parte del juego. La vida. Estas aquí porque un espermatozoide nadó con mayor pericia, hizo más zancadillas o engaño a los otros dirigiéndolos a cualquier otro oscuro rincón del organismo en el que se albergaba el luminoso ovulo contra el que, al fin, se a hostio. Competimos por dominar el mundo, el país, el grupo de amigos, por conseguir esta o aquella pareja, competimos contra el resto de la humanidad, contra un amigo, contra tu padre por el amor de tu madre. Y si decides retirarte de la competición has de esconderte o acabaras molestando a alguien para quien seguirás siendo un competidor, ¡débil! ¡prescindible!.

Me gustaría llegar a ese estado de iluminación que permite distinguir entre lo bueno y lo malo y así decidir que es aquello por lo que se debe o puede luchar.

Aquí en Actanha, la gente hasta hace muy poco ha vivido en la yurca y esta a lomos de un caballo o buey a recorrido kilómetros de estepa, entre lagos y paramos sin parar y con el único afán de sobrevivir. Hoy viven en rascacielos que, como una infección, surgen de la nada de forma invisible y en silencio, un día se hacen tangibles y ahí están, limitándote las vistas, quitándote tu ración de sol , trabajan en oficinas, en la administración de una Manero u otra, como profesores, policías o vigilantes de centros comerciales, como buzo en el acuario posando para una foto o como pobre oficial en la puerta de la iglesia ortodoxa. El minero polaco, preso político, que lanzado a ese archipiélago Gulag, agradece tener los brazos ya que perdió los pies, sobrevive. Sobreviven a los 40 grados al sol del verano y a los -40 del mes de febrero. El adolescente musulmán que recorre los baños exhibiendo excitado su circuncisión, sobrevive. Lo podemos llamar como queramos pero para ello compiten.

MIGUEL dijo...

Creo que todos/as necesitamos de vez en cuando ganar. En ocasiones también ansío cubrir esas parcelas que, la mayor parte de la gente que tengo alrededor, parece ser que tienen cubiertas. Y quiero dejar de escuchar "malos tiempos para la lírica" que diría Germán Coppini.
Por cierto, yo también asistí a ese momento que describes. Aunque en mi cabeza no pasara lo que tú describes, sí que fue una tarde realmente estupenda (mejor, un fin de semana estupendo).
Abrazos,
MIGUEL.-

Raúl dijo...

Qué gusto da entrar en el blog y veros a todos reunidos. Cristina, qué te voy a decir: tus comentarios son siempre oportunos y esperados. Petrilla, te voy a tener que cambiar el nombre, porque mi abuela no sabría expresarse como tu lo haces, aunque como tú siempre pensará lo mejor de mí (no olvides que también albergo oscuridad a veces). Pícaro, la verdad es que es grato leerte, aunque a veces hay dardos puntiagudos en tus palabras, siempre consigues captar mi atención e interés, así que ya tendremos un duelo dialéctico de los nuestros. Y Miguel, que alegría leerte por aquí, te espero las próximas veces. El fin de semana fue estupendo, bueno sois estupendos aunque suene todo algo pastel. Esperemos que pronto cubramos esas parcelas de las que hablas y dejemos de escucha el "ya llegará".
Bueno, que me he sentido muy arropado esta semana tras mi accidentada caida en el paintball. Tenemos además un nuevo componente bloguero (tedebouncafe, me lo debe), que ha dejado su mensaje en el relato de Bones. Espero que pronto aparezca en el resto.

Besos a todos.

Anónimo dijo...
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Anónimo dijo...
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