5 de agosto de 2009

Cortarrollos


El pasado lunes, cuando entraba en el Mercadona para comprar el habitual pan integral, la pechuga de pollo, las judías verdes y el arroz, me encontré con que una de las cajeras le decía a un grupo de chicos que no podía venderles alcohol por no haber cumplido todavía la edad para ello. Sobre el mostrador tres botellas de vodka, una botella de whisky, 6 latas de coca cola, 6 latas de fanta naranja y dos bolsas de hielo. La cosa quedó ahí, pero cuando me dirigía hacia la sección droguería en busca de preservativos, para el viaje a Gran Canaria, dos chicas (muy guapas, pero algo sobre arregladas) comenzaron a mirarme. Desistí en la compra de condones pues sus miradas me intranquilizaban y me dirigí hacia la sección de zumos, huyendo de ambas. Sin embargo, ellas me siguieron.
“Perdona, puedes hacernos un favor”-me dijeron.
“Uno o los que hagan falta”- pensé, siempre llevado por mi carácter altruista.
“Mira, es que queremos hacer un botellón y resulta que somos menores de edad y no nos quieren vender alcohol. ¿Podrías acercarte a la caja y pagarlo por nosotros, tenemos un amigo allí esperando?”- hablaban con osos golosos.
En ese instante me debatí entre mis sentido de las responsabilidad cívica (yo que no he curado educación para la ciudadanía) y mi deseo por agradar a esas dos chicas. Al final, mi civismo gano al hedonismo y les dije que no podía hacerlo. Ellas apelaron a mi juventud ya perdida y al hecho de que seguro que a su edad (15 años) yo también habría hecho botellones.
“Hace tanto de aquello que ya no lo recuerdo”- les dije. Añadí que lo sentía, pero eso les dio lo mismo. La más alta y guapa me dijo: “no nos cortes el rollo, por favor”. Volví a decirles que lo sentía y mientras murmuraban (supongo que maldecían), se marcharon en busca de otra persona a la que pedirle el favor.
Regresé a la sección de cepillos de dientes y preservativos (al final no los compré porque no tienen los que buscaba) y pensé que, probablemente, se habían acercado a mí por una supuesta cercanía de edad y eso me complacía. “Me habrán visto joven y quizás incluso me invitarían al botellón”-medité. No obstante, cuando llegué a la caja, era una persona más mayor que yo, una mujer negra, la que les pagaba las bebidas. Mientras pagaba mi compra me preguntaba si no sería más fácil vendérselo directamente a ellos ya que el daño es el mismo. La cajera sabe perfectamente que el alcohol es para ellos y, sin embargo, accede a la venta si es una persona mayor quién la hace. En fin, a parte de estas contradicciones casi metafísicas, cuando salía del supermercado el grupo de jóvenes se encontraba fuera. Una de las chicas comenzó a decir: “ha sido ese” La otra comenzó a gritarme: “cortarrollos, eres un cortarrollos. Su voz se apagaba mientras me alejaba del supermercado.

Cortarrollos. Lo escribo junto porque me gustó la expresión y debería constituir una única palabra. Lo he estado pensando y creo que la chica tiene razón, soy un cortarrollos y no sólo por este evento, sino por muchos otros. Más de uno habréis abierto el blog en un bonito día primaveral en que estabais más felices que unas perdices, habréis leído un relato de los míos, de esos que son más negros que blancos y habréis pensado: “vaya cortarrollos”. Pero bueno, uno no siempre tiene lo que quiere y, por eso, no me dio la gana comprar el alcohol. Con lo que yo hubiera dado por irme de botellón y recuperar años perdidos. Pero, ¿un lunes? Pues eso, un cortarrollos del copón.

6 comentarios:

La Petra de Cuenca dijo...

Lo primero no creo que seas un cortarollos simplemente hiciste lo que considerastes más oportuno y lo segundo se evitarían muchos problemas si se lo vendieran directamente a ellos ya que al final de una forma u otra tienen acceso a él.Basta que se prohiba algo para hacerlo con más ganas.

Muchos besos.

Cristina dijo...

Pues ya somos dos cortarrollos porque yo hubiese hecho lo mismo, además cada día soporto menos a ese tipo de niñatos malcriados que describes. Ni siquiera siendo adolescente (si nos guiamos por un criterio de edad), comulgaba con esa imagen del adolescente frivolón, maleducado, egoísta e impertinente y por supuesto mucho menos lo hago a estas alturas de mi vida. Afortunadamente sólo es un estereotipo o eso espero y deben existir otros chavales, otras conductas, otras diversidades, o no?
No podemos justificar cosas así bajo el argumento de ser o no ser enrollados, y mucho menos si se trata de consumir alcohol. Pero no quiero soltar ahora la perorata del padre, cada uno que haga de su capa un sayo, que tú has hecho muy bien, sobre todo por actuar en coherencia con aquello en lo que crees. Sobresaliente para ti, suspenso para la que accedió y para la cajera.

En fin, que ya quisiera yo que hubiese muchos más cortarrollos como tú.

Unos besotes.

PD: ¿Pues qué tipo de preservativos querías, niño? Gancanagia???

Anónimo dijo...

jajajajaj ... obviando la moralidad y tirando de frivolidad ... las chicas tienen razón !!! eres un cortarrollos !!!!
Por cierto, esta noche vamos a la plaza, y no digas que no. No seas cortarrollos !!! (que conste que yo hubiera hecho lo mismo).
Besos
MIGUEL.-

Raúl dijo...

Petrilla, pues tienes razón, aunque la venta directa tampoco se si es la solución (aunque al menos beberían alcohol de mejor calidad, pero alcohol al fin y al cabo. Cristina, estoy contigo en todo, me hubiera gustado pegar un reglazo en la mano de la cajera (que además le tengo algo de manía), pero que le vamos a hacer. Los preservativos son...como te diría yo, algo más fuertes de lo normal y en Mercadona no hay mucha variedad. Probablemente me venga con ellos, sin abrir (aunque no será por intentarlo). Así que allá voy Grancanagia!!!. Miguel, me temo que esta noche seré un poco cortarrollos, pero no es a propósito.... ya me contarás averiguaciones, impresiones, etc. Pasadlo muy bien.

Besos a todas/os!!!!!

Jesús. dijo...

Yo hubiera hecho lo mismo, no creo que seas un cortarrollos, te lo dice uno que todavía sale por ahí, sólo de vez en cuando, que conste. Un abrazo, nos vemos.

Raúl dijo...

Anda Jesús, yo creía que hubieras dicho: "bueno, pero una copilla tiene que caer a mi favor"...es broma ya sé que tu paso ludotecario no te lo permitiría.
Un abrazo.