2 de abril de 2009

Vuelo 42409-Historia completa


WARNING


Aquí os dejo la entrada completa. Es una historia algo larga para el formato de un blog, asi que podéis optar por fragmentarla y leerla en varias ocasiones. La decisión es vuestra. Pensé dividiarla en varias partes, pero no tenía sentido hacerlo. Además se ha visto alargada por algunas de vuestras aportaciones. Así pues, la culpa es vuestra y ahora tenéis que cargar con un texto más largo y quizás más aburrido.


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Finalmente decidió coger aquel avión. ¿Qué podía perder? Siempre podía regresar y nunca se planteó que aquello fuera una salida definitiva a su situación. “¿Qué podía hacer ella en Tokio sin hablar japonés y sabiendo, a penas, diez palabras en inglés?” Salió de la cabina del baño, se colocó frente al espejo y se dijo a sí misma: ¡lo mereces, haz el favor de ir hacia ese avión!
Mientras atravesaba la puerta del baño la megafonía volvió a anunciar su vuelo: “último aviso para los pasajeros del vuelo 42409 con destino Tokio, por favor embarquen por la puerta 14A”. Ya no había nadie en la puerta de embarque pero la persona que recogía los billetes y supervisaba los pasaportes le recordó tanto a él que quedó de nuevo paralizada. “¿Cómo puede haberlo averiguado? No, no es posible”- pensaba esto cuando oyó: “Señorita, ¿va a coger el vuelo a Tokio?”
La voz sonaba lejana mientras en su cabeza se producía una sucesión de imágenes: ella aceptando el trabajo, ella sentada en la silla azul de su despacho, ella escuchando las mentiras y promesas de su jefe, ella llorando en casa después de haber recibido los primeros gritos, ella gritando bajo el agua de la piscina tratando de escupir toda su rabia, ella maquillando el morado de su primer golpe, ella callando durante estos siete años. “Señorita, ¿se encuentra bien?, vamos a cerrar el embarque”-dijo el azafato. “Sí, disculpe”-atinó a decir ella.
Entregó su billete y comenzó a andar a través del tubo que finalmente la llevaría a su destino. No se le había ocurrido otra solución para salir de aquella situación. Sabía que no era algo definitivo, pero algo se le ocurriría alejada de todo aquello. Siempre quiso viajar a Tokio. No sabía por qué, pero la idea siempre le gustó. Suponía que las pequeñas novelas sobre una extranjera en Japón que leía antes de dormir habían tenido algo que ver, pero nunca se había preocupado por saber nada de aquella lejana cultura. El día que decidió largarse, darse una nueva oportunidad, no pensó directamente en Tokio pero al abrir la página web de una agencia de viajes encontró una buena oferta. Sería un largo viaje, con varias escalas, pero prefería aquello a tener que volver a iniciar el camino hacia su trabajo, sentarse en aquel lugar tan blanco y en aquella silla azul petróleo.
Eran las 10:10 en Madrid cuando el avió abandonó tierra. Cuatro horas y veinticinco minutos después se encontraba en Helsinki, y allí tendría que esperar algo menos de dos horas para coger un vuelo que la llevaría a Osaka. Mientras tanto se paseó por las tiendas duty free de la terminal en la que se encontraba. Instintivamente se dirigió hacia las guías de viaje y extrañamente encontró una pequeña guía de Tokio en español. Supuso que no sería raro dado que los aeropuertos son espacios internacionales. En ese momento tuvo sus primeros problemas con los idiomas. No sabía lo que el chico de la tienda le decía y, nerviosa, optó por irse sin recoger su cambio. “For you”-le dijo torpemente.
Sabía que tendría dificultades para comunicarse, pero ya lo solucionaría. Por primera vez en mucho tiempo, se sentía contenta. La sensación de angustia diaria parecía remitir. Se sentó junto a la nueva puerta de embarque y comenzó a ojear la guía. Las fotos mostraban una metrópolis bastante desordenada desde el punto de vista urbanístico, pero le impresionaron aquellas en que se delineaba la imponente silueta del monte Fuji y la formidable bahía de Tokio. En aquel instante sintió que todo iría bien. La guía aseguraba que era una ciudad segura y limpia, y que sólo tendría que tener cuidado en el metro, pues era costumbre que algunos hombres acosaran a las mujeres aprovechando la ingente cantidad de personas durante las horas punta. Llegaba al apartado de gastronomía cuando el vuelo con destino a Osaka fue anunciado. Mientras recogía su abrigo y su bolso, no advirtió que la pequeña guía se deslizó entre los asientos y cayó al suelo donde quedó olvidada. Le esperaba la parte más pesada del viaje. En nueve horas y treinta minutos aterrizarían en Osaka. Cuando estaba en el avión buscó de nuevo la guía para seguir leyendo. No la encontró en su bolso como esperaba y tras mirar debajo del asiento y en sus alrededores la dio por perdida. Entre las cosas que había sacado del bolso estaba el billete con el que había partido desde Madrid. Un escalofrío recorrió la espalda cuando se dio cuenta de que el número del vuelo con el que había llegado a Helsinki coincidía con la fecha en que se produciría la renovación de su contrato y la supuesta mejora en sus condiciones laborales. El número del vuelo podía dividirse en 4-24-09. Aunque no sabía mucho inglés, si sabía que en Estados Unidos marcaban primero el mes y después el día.
Su garganta dejó escapar una carcajada, se sentía relajada y pensaba que había comenzado a romper con todo aquello. Después durmió, parecía como si la tensión acumulada durante estos años fuese aflojando y, por fin, le permitiera descansar. La llegada a Osaka y el posterior vuelo hacia Tokio lo vivió entre sueños. Pensó que, quizás con suerte, conocería a alguien interesante allí donde se dirigía. Nunca había considerado la posibilidad de intimar con un asiático pero estando en Japón las posibilidades se multiplicaban. A lo mejor podría conseguir un trabajo, aunque ella misma creía que pecaba de optimismo. En realidad no se plateaba nada a largo plazo. Había reservado un hotel por nueve días y, ni tan siquiera, tenía billete de vuelta. Se dejaría llevar por los acontecimientos.
Miró por su ventanilla y comenzó a vislumbrar lo que parecía una masa casi compacta de edificios. Alguien del avión habló en lo que pensó sería japonés y después en inglés. No se enteró de nada, pero supuso que el aterrizaje estaba próximo. Cuando quiso darse cuenta estaba cogiendo un taxi y señalando al taxista con el dedo el papel en que tenía apuntada la dirección del hotel. Lo mismo hizo en la recepción con sus datos y, de pronto, estaba sentada en la enorme cama de la que sería su casa en los próximos nueve días. Estaba contemplándose en el espejo que se hallaba frente a su cama, pensando “qué bien que lo hayas hecho”, cuando un ruido la devolvió a la realidad. Su estomago gruñía. A pesar del cansancio se decidió a bajar a la calle y probar suerte en alguno de los restaurantes que había visto al llegar al hotel. Se puso nerviosa ante la expectativa de salir a la calle, pero no podía quedarse encerrada eternamente en el hotel. Una vez en la calle, eligió un restaurante en el que no había mucha gente. Pensó que eso facilitaría la comunicación con los camareros. Se sentó en una mesa cercana a la ventana que daba hacia la calle. El lugar no era muy agradable, no era un sitio muy limpio, pero tampoco podía establecer muchas comparaciones con otros locales. El camarero le entregó una carta en inglés, pero tampoco era capaz de descifrar lo que en ella ponía. Decidió arriesgar y darse un capricho. Eligió el plató más caro del menú: Fugu. El camarero le dijo: are you sure?. Ella dijo: fish?. El camarero respondió: yes. Ella volvió a decir: yes, yes.
Nunca supo que aquel restaurante no tenía licencia para preparar el fugu. Si la guía sobre Tokio no se hubiera perdido habría podido leer que lo que iba a comer era pez globo y dicha delicia culinaria japonesa entrañaba ciertos riesgos. El plato que llegó a su mesa contenía varios trozos de lo que parecía ser un pescado blanco aderezado con una espesa salsa de color verde. Metió el primer trozo en su boca y no le pareció nada del otro mundo, de hecho era un bocado cartilaginoso y graso. Le produjo asco, pero pensando en lo que iba a pagar se metió el segundo trozo en la boca. Masticó lo más rápido que pudo y trago. Desde ese momento hasta su muerte transcurrirían cuatro horas. Cuatro horas en las que el veneno del Fugu paralizaría su sistema nervioso, cuatro horas en las que permanecería plenamente consciente, sin poder moverse, sin poder hablar, hasta que muriese por asfixia. Vio a los camareros agitarse a su alrededor y hablar algo que nunca llegaría a entender. Realmente, no era consciente de lo que le ocurriría. Seguía tranquila. Ya pasaría aquella sensación de inmovilidad.

6 comentarios:

La Petra de Cuenca dijo...

Pobre con todo lo que le había pasado y al final como acaba.Al menos está tranquila y no es consciente de lo que le está sucediendo.
Aun con todo lo ocurrido es de admirar su valentía y su deseo de cambiar la realidad y podérse dar esa oportunidad tan esperada y tan merecida.

Muchos besos.

Jesús dijo...

Qué fuerte me parece!!! pobrecica, desde luego, que poco tiene que agradecerle esa mujer a la vida, al menos murió feliz no? Me gustaba más mi historia de Sri-Lanka y el secuestro, lo mismo hasta me animo a hacerla. Cuidate, nos vemos.

Raúl dijo...

He tratado de que el final fuese algo cómico, pero veo que no me ha salido. Murió feliz, pero los golpes del destino....me interesa ese tema, indagar en los momentos de felicidad interrumpidos. Además, es un microrelato largo y no podía dejarlo abierto, tenía que concluir su historia. Seré más optimista la próxima vez, pero hubiese sido todo mucho más obvio.

I. (U.) dijo...

Dios!! Que peligro tiene la incosnciencia!!! Con lo incosnciente que soy yo!!! Pues mira tu final me ha hecho cambiar de idea respecto a lo de coger el vuelo... Parece que si no sabes por dónde andas mejor no te muevas de casa.. El destino va a conspirar en tu contra... También creo que ir a la desesperada buscando una solución no hace que los milagros ocurran... Y supongo que a veces no queda más remdedio que empezar luchando desde dónde estás... Como me dijeron una vez "no importa dónde vayas cada seguirás cargando con tu cruz".

picaro dijo...

Si hubiese visto los Simpson con interés alguna de las 200.000 veces que han puesto el capitulo que hace referencia a la sardinita en cuestión, habría pedido pastel de judías.
Por si acaso esto es un midras que hace referencia a unos próximos acontecimientos, ten en cuenta varias cosas:
El destino que se prever ya es una incógnita desvelada y por tanto se puede modificar o evitar.
Nada es definitivo, excepto la muerte, que aunque pueda ser una liberación…. Mejor darle el pez al otro.
Lo del contrato, si la mejora es buena y de amplio espectro ……

Cristina dijo...

No voy a negar que me has puesto los pelos de punta y más hoy que el pesimismo me está comiendo el corazón y necesitaba algo más esperanzador. Pero también tengo que reconocer que tu historia es buenísima, adictiva, excelentemente relatada y con un halo de superación y valentía que anima a coger la vida por los cuernos, pese a posibles desenlaces fatales.

Chapó, mi queridísimo Raúl.

Muchos besos.