21 de mayo de 2014

Hay una cosa que te quiero decir


Ella 19 años. Él 22. Llevan tres meses juntos. Ambos definen su relación como muy intensa a pesar del poco tiempo. De lo intensa resulta larga, pero no larga porque ya se hayan cansado si no porque han vivido mucho en poco tiempo. Desde el principio los celos están presentes. Tan presentes que continuamente discuten por ello. Ella quiere seguir con él pero necesita cambios. Necesita saber que él realmente está comprometido con la relación porque, además, tiene una falta de una semana en su regla. Lo quiere, desea estar con él y cree estar preparada para ser madre. Ella 19 años. Él 22.

Ella, en lugar de llamarlo y pedirle que se vean en su casa o en la cafetería donde alguna vez quedaron, decide ir a la televisión. Puestos a buscar un cambio en la actitud de él, pensaría, no hay nada mejor que utilizar la influencia televisiva para lograrlo. Da igual que se entere del posible embarazo en plató. Da igual que decida dejarle en la grabación del programa. Da igual que su intimidad se convierta en un hecho público. 

Él llega al programa. Suponemos que no sabe nada aunque es difícil creerlo. Abre un sobre virtual y la ve a ella. Ella repasa su corta pero intensa relación y le pide un cambio. Él se muestra de acuerdo pero le pide que ella también tiene que dejar los celos a un lado. Todos felices pero queda algo...la gran noticia. Para comunicarla el presentador llama a la madre de él. Está en el plató. Se sienta a su lado, saluda a la chica. Ella les dice que es posible que esté embarazada. La madre grita: ¡Bien!. Sí, grita: ¡Bien! El presentador recibe un test de embarazo con el resultado tapado por cinta aislante negra. La quita y el resultado es negativo. Tristeza, sobre todo en la madre de él. 

Y luego hablan de que es un programa blanco, familiar. Yo creo, como señaló Paul Éluard, que "hay otros mundos pero están en éste.

1 comentario:

Verónica Martínez dijo...

No sólo hay otros mundos sino que uno no deja de sorprenderse con lo que hay que ver. Y lo curioso que sino actuas como ellos aún encina pareces un bicho raro. Lo que nos queda de ver...